En peligro la “Capilla
Sixtina del budismo”

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Reportajes.
EFE. Las miles de pinturas y esculturas de las grutas chinas de Mogao, guarecidas en un oasis del desierto que las rodea y amenazadas en los últimos años por el avance de la arena, se enfrentan en los últimos tiempos a los estragos de un nuevo enemigo: el creciente número de turistas, que dificulta su conservación y acelera su deterioro.

Vía comercial. 

Conocidas también como las “Cavernas de los Mil Budas”, las grutas constituían una parada fundamental en la Ruta de la Seda, vía comercial que, en la antigüedad, unía Oriente y Occidente.

Su ubicación, no obstante, se erigió pronto en su principal enemigo, ya que las grutas están localizadas en un oasis al que acecha el desierto de Kumtag, el sexto más grande de China, que ya logró sepultarlas siglos atrás.

Redescubiertas a comienzos del siglo XX, las grutas pronto volvieron sentir el peligro procedente del desierto, que avanza con paso firme y cuya arena, con la ayuda del viento, se cuela por las grietas de las cuevas y se posa en sus pinturas y esculturas.

Afluencia de público

Así, el primer cometido matutino del centenar de expertos que dispone la Academia Dunhuang, institución encargada del estudio y conservación de las esculturas y pinturas que atesoran las cuevas en su interior, pasa por retirar la arena llegada durante las horas precedentes.

Pero también la afluencia de visitantes ha empezado a repercutir negativamente en la salud de las obras de arte de Mogao, según explica el subdirector de la academia, Wang Xudong.

De acuerdo con Wang, el excesivo turismo “acelera su envejecimiento” al romper el equilibrio del interior de las cuevas, que necesitan un clima templado y poco húmedo.

“Lo ideal sería que el número de turistas no sobrepasase los 2000 al día, pero la realidad es que en muchas ocasiones alcanzamos los 5000”, subraya Wang.

30 grados

“En 1979, cuando las grutas se abrieron al público, recibimos veinte mil turistas, mientras que en 2007 la cifra fue de 550 000”, añade.

El experto explica que la temperatura dentro de las cuevas ronda los 16 ó 17 grados y la humedad, el 20%. Sin embargo, cuando las grutas reciben turistas pueden llegar a alcanzar los 30 grados y un 60% de humedad.

“Además, cuando los turistas abandonan las grutas, los grados tardan en descender, por lo que, al cabo del día, son muchas las horas en las que las cuevas cuentan con altas temperaturas”, agrega.

Hace muchos años que se trata de frenar el avance del desierto problema.

Zoom

Las iniciativas de la muestra

De qué tratan

Las iniciativas para proteger las grutas de la arena son básicamente dos: la colocación de una red de nailon alrededor de las cuevas y la plantación de árboles y arbustos a sus pies para tratar de detener a la arena, si bien, indica Wang, “esta medida sólo funciona durante dos o tres años, porque transcurrido ese tiempo terminan siendo engullidos”.