En permanente suicidio

Los países que crecen  a costa de destruir sus recursos naturales y descuidar el ambiente, viven en una especie de suicidio permanente. Si alguien quiere medir la certeza de este criterio aparentemente tremendista, simplemente tiene que mirar hacia Haití. El secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales ha llamado la atención sobre el hecho de que durante medio siglo este país ha crecido económicamente, pero ni ha logrado eliminar la pobreza, ni ha protegido debidamente el hábitat. El resultado ha sido la desaparición paulatina de los recursos hídricos por la depredación de los bosques y la destrucción de las cuencas hidrográficas.

Es una especie de suicidio permanente el que contaminemos el ambiente en vez de preservarlo, que destruyamos sus recursos en vez de transformarlos y aprovecharlos para mejorar el hábitat, y que no nos hayamos dado cuenta de que toda explotación debe ser amigable con el único medio que nos mantiene vivos. El ejemplo de nuestro vecino más cercano, Haití, debería inspirarnos a modificar nuestra actitud ante las cuestiones ambientales, sobre todo aquellas que agreden el hábitat.  Canadá es una verdadera potencia maderera. Explota sus bosques permanentemente, pero del mismo modo los renueva. Aquí, en cambio, corremos el riesgo de darnos cuenta demasiado tarde de que vivimos en  permanente suicidio.

Incentivos para el campo
Los costos de producción del sector agropecuario se están tornando insoportables por los altos precios de insumos,  combustibles y servicios necesarios en el campo. En cambio, nada ha suavizado las dificultades para obtener financiamiento y las tasas de los préstamos conspiran contra la rentabilidad en el sector. Ahora mismo, cuando se habla de subsidios de diversas índoles, los productores agropecuarios han clamado porque se les tome en cuenta.

Un punto que merece análisis es la posibilidad de establecer normas prudenciales especiales, que faciliten el acceso de los productores agropecuarios a las ventanillas de financiación de la banca comercial. También, establecer las facilidades estructurales necesarias para que los productores puedan vender directamente algunos de sus renglones, de modo que les resulte más rentable que vender a intermediarios. En fin, los planificadores del Estado tienen que pensar en incentivos para el campo.