¿En qué consiste el patrimonialismo?

DIÓGENES CÉSPEDES
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La respuesta a la pregunta es: Cuando el sujeto confunde los bienes públicos con los suyos, que son privados. No importa que el sujeto trabaje en el Gobierno o no. Peor aún si trabaja es un servidor público.

Quienes leen periódicos, ven televisión y escuchan radio, sobre todo en tiempos de campaña electoral, encuentran en la prensa el uso profuso del adjetivo ‘patrimonialista’ aplicado a los políticos dominicanos, aunque en menor medida el empleo de ‘patrimonio’, sustantivo del cual deriva.

Por extensión, se aplica el término ‘patrimonialista’ a todo sujeto que sin estar al servicio del gobierno, sino en el sector público, también practica la política del patrimonialismo. Quien desde el sector público se apropia de los bienes públicos para su provecho personal, el de su familia, amigos y relacionados es un político patrimonialista y está obligado, para reproducirse, a practicar el clientelismo, es decir, la dádiva que en forma de funditas, dinero efectivo, comilonas, alcohol, pollos, cerdos, salchichones, tarjetas de solidaridad, cheques a los miembros de los comités de base del partido oficial sin que trabajen y cuantas formas han imaginado tales políticos para agenciarse la lealtad del voto de los mendicantes, es una acción clientelista. Los dos términos van siempre juntos.

También, por extensión, el que se apropia para provecho propio de los bienes de la empresa donde trabaja, y reparte tales bienes entre su familia, amigos y relacionados, también se convierte en un ladrón del patrimonio privado. Si ese defraudador de los bienes de la empresa donde trabaja establece un sistema de poder que le permite mantenerse en el puesto en gracia a las dádivas, regalos o compra de lealtades a subalternos o superiores, también practica el clientelismo.

Igualmente, es patrimonialista y clientelista, el empresario que defrauda al fisco y corrompe con dinero al funcionario público para practicar el contrabando, el lavado de activos o cualquier otra acción delictiva que implique la apropiación, para su beneficio, de los impuestos que debe pagar por los servicios que recibe de las oficinas gubernamentales.

Nuestro “Estado” ha sido controlado desde 1844 hasta hoy por la pequeña burguesía alta y media, aliada con esos empresarios de mentalidad e ideología precapitalista, aunque sus empresas sean capitalistas y él forme parte de la pequeña fracción que acumuló riquezas con la protección de Heureaux, Cáceres, Horacio Vásquez, Trujillo, Balaguer, los gobiernos del PRD y el PLD.

Pero el empresariado ha sido incapaz de ejercer el poder de ese “Estado” por sí y para sí. No ha podido crear el ejército de políticos profesionales que le sirva para gobernarlo y tener a raya a los obreros y miembros de la baja pequeña burguesía en sus capas pobre y muy pobre. El día que esto ocurra, la República Dominicana será un Estado nacional capitalista moderno.

Algunos autores, dotados de una buena dosis de racionalismo etnocéntrico dicen que esta posibilidad es un fantasma, ya que, apoyados en Marx, dicen que la acumulación originaria se dio solamente una vez y fue en Europa. Desconocen que el proceso de acumulación originaria se da de manera diferente en los países africanos, asiáticos o americanos que fueron colonizados por Europa desde 1492.