¿En qué consiste hoy la responsabilidad
social corporativa?

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POR ADOLFO MARTÍ GUTIÉRREZ
La llamada sociedad civil, en sus múltiples expresiones, ha impulsado hoy la idea de que “otro mundo es posible” en los diversos Foros Sociales Mundiales, abriendo múltiples oportunidades y retos en los aspectos económicos, sociales y culturales.

Si bien la responsabilidad que se exige en estos momentos busca definir otro concepto de desarrollo, del papel del Estado y de las corporaciones y la sociedad civil, también exige la implementación de mecanismos globales de monitoreo, información y rendición de cuentas, la sostenibilidad del medio ambiente y de las cuentas fiscales, y una nueva ética global de transparencia para un comercio justo con rostro humano.

La corrupción corporativa en Estados Unidos, con escándalos como los de Enron, Arthur Andersen, Xerox, WorldCom, Parmalat y otros, se ha constituido en una voz de alarma para los inversionistas, quienes hoy demandan transparencia, integridad y responsabilidad de las compañías, como criterios fundamentales para invertir. Las posibilidades para el establecimiento y adopción voluntaria de normas y medidas para la responsabilidad social y ambiental, exploran también mecanismos de auditoría, verificación e implementación y revisión externa. Por ello, adoptar criterios de responsabilidad social corporativa (RSC) en una gestión empresarial implica la formalización de políticas y sistemas de gestión en los ámbitos económico, social y medioambiental.

LA TRAYECTORIA

El historiador T. F. McMahon (2001) en su “Breve historia de la ética estadounidense en los negocios” ha establecido dos periodos modernos en el desarrollo de la RSC. El primero, que viene de finales del siglo XIX corresponde a los procesos de maduración de la reflexión sobre el papel de la ética y los criterios morales en la gestión empresarial. El segundo, sería una etapa de fuerte auge de los problemas sociales y de desplazamiento de las preocupaciones teóricas hacia el campo de las relaciones empresa y sociedad, y es cuando se inician los intensos debates académicos, políticos y culturales sobre el papel y las responsabilidades de las empresas.

A inicios de siglo XX se desarrollan las primeras iniciativas reconocibles sobre las relaciones entre empresas y sociedad, aunque, como sostiene T. G. Perdiguero (2003) en un libro premiado por Anagrama sobre “La responsabilidad social de las empresas en un mundo global”, es después de la Segunda Guerra Mundial cuando el debate se inscribe ya plenamente en el marco de los desarrollos modernos del concepto de RSC. Después de los dramáticos resultados de la gran depresión de los años treinta y sus terribles secuelas sociales de pobreza, exclusión y desequilibrios económicos, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estableció las bases de la corresponsabilidad del conjunto de las instituciones y agentes económicos, políticos y sociales sobre las condiciones para el progreso de las sociedades. En la “Declaración de Filadelfia” de 1944, se afirma que la responsabilidad de la generación de empleo y la mejora de las condiciones de trabajo no es una ya obligación exclusiva de los gobiernos y las instituciones publicas, sino que debe constituir también una prioridad para el sector privado de la economía.

El auge del debate público sobre las responsabilidades de las empresas se produce en el final de los años sesenta, con una verdadera explosión del malestar en las sociedades desarrolladas que se enfrentan a una contestación social sin precedentes. Es un tiempo de rechazo del funcionamiento del sistema político y de las principales instituciones de la sociedad. De protesta contra la extensión de los guetos y de las bolsas de marginación en las grandes aglomeraciones urbanas; de malestar ante las crecientes tensiones sociales, raciales y generacionales, al mismo tiempo que de incomprensión ante las manifestaciones irracionales del consumismo.

Diez años después, se presenta la conocida declaración del Comité para el Desarrollo Económico (CED) sobre las responsabilidades sociales de las empresas, distinguiendo tres círculos concéntricos: (1) el circulo interior, que corresponde a las responsabilidades económicas de creación de riqueza y de contribución al crecimiento de una nación; (2) el circulo intermedio, donde se situarían las responsabilidades de las empresas en el desarrollo de las funciones económicas (éticas y sociales); y (3) el circulo exterior, que se correspondería a la participación de las empresas en el esfuerzo colectivo de progreso y de perfeccionamiento social (definiendo derechos y obligaciones corporativas). Ya en los años 90’s las principales multinacionales del mundo y los mejores grupos de expertos analizan los elementos que permitan diseñar unas guías sobre responsabilidad social corporativa a través del análisis de instrumentos existentes, como las Normas 8000 de Contabilidad Social, la Mesa Redonda Caux, los Principios del Compacto Global de Naciones Unidas, los Principios Globales Sullivan, la Iniciativa de Reporte Global, las guías para empresas multinacionales (OECD) y los instrumentos SIGMA para la gestión de la sostenibilidad.

Según Miguel Osorio (2004), en un libro que recopila intervenciones de un seminario titulado “La Nueva Empresa, Responsabilidad Social Corporativa”, en la Unión Europea la RSC se comenzó a definir en el Consejo Europeo de Lisboa en el año 2000. En Lisboa, se intento combinar un fuerte desarrollo social con la competitividad empresarial. En el año 2001, aparece el “libro verde” en el que se tratan cuestiones relativas a la forma de entender la RSC y la forma de llevarla a cabo. Estas reflexiones llevaron al “libro blanco” en el que se proponía una estrategia definida para promover la RSC basada en un concepto muy vinculado con el desarrollo social.

LOS TRES PILARES DE LA RSC

Se entiende que uno de los pilares de la responsabilidad social corporativa es la formalización de políticas respecto de aquellos grupos de interés (stakeholders), que interactúan con la compañía. La formalización de programas en el ámbito de la RSC se refiere a la adopción de políticas formales en los distintos ámbitos de relación con stakeholders para, posteriormente, articular sistemas de gestión que trasladen dichas políticas a los distintos ámbitos de la organización. Más allá de los diferentes códigos nacionales de buen gobierno, diferentes organizaciones han diseñado modelos o estándares que promocionan y facilitan la adopción de políticas formales de RSC. Entre estos modelos se encuentran las Líneas Directrices para Empresas Multinacionales de la OCDE, o el programa Global Compact de las Naciones Unidas.

La transparencia sobre las políticas y sistemas de gestión, y sobre los resultados obtenidos en los ámbitos social, medioambiental y económico, constituye otro de los pilares básicos del concepto de RSC. Internacionalmente ya existe un estándar comúnmente aceptado de información sobre sostenibilidad empresarial o RSC, elaborado por Global Reporting Initiative y por el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (UNEP), con el objetivo de diseñar un marco, aplicable globalmente, que integrara la información empresarial en los ámbitos económico, social y medioambiental. Global Reporting Initiative ha elaborado guías para la elaboración de memorias de sostenibilidad, un importante avance para el desarrollo de una herramienta homogénea, creíble, comparable, y globalmente aceptada para la elaboración de memorias de sostenibilidad.

El tercer pilar del concepto de la RSC es el llamado escrutinio externo. Implica que la responsabilidad social de las empresas puede ser medida, en parte, por la respuesta que éstas dan a las necesidades de sus distintos grupos de interés. Tiene su paradigma en la reciente evolución de los mercados financieros, donde se pone de manifiesto la importancia de incorporar políticas de responsabilidad social en la gestión empresarial, tales como la inversión socialmente responsable (ISR) o la inversión corporativa sostenible (RSC), incorporando consideraciones sociales y medioambientales al tradicional análisis financiero. Mediante la ISR, se tienen en consideración aspectos sociales y medioambientales en las decisiones de inversión, con el objetivo de que personas y organizaciones pongan su dinero a trabajar en la misma dirección que sus convicciones, idearios o programas. Este tipo de inversión permite, por un lado, eliminar de las inversiones aquellas actividades que atentan contra las convicciones del inversor, y por otro lado permiten que el inversor decida que tipo de actividades quiere apoyar.

En EE.UU., las inversiones que incorporan criterios de responsabilidad social suponen ya más del 10% del total. El mejor escaparate de la importancia de este tipo de inversión se encuentra en los llamados índices índices de sostenibilidad; entre otros, Dow Jones Sustainability Group In-dex, o la serie de índices FTSE4Good. En otros países se observa que la tendencia es similar, siendo especialmente acusada en los países de la Unión Europea.

La RSE va más allá o la creación de productos políticamente correctos. Implica un compromiso y responsabilidad por parte de las empresas de incorporar en sus planes estratégicos las necesidades de muchos actores y de redefinir su papel para contribuir a reducir la pobreza, apoyar el desarrollo sostenible y actuar bajo la ética y filosofía de los derechos humanos. Ello a la vez debería redefinir su papel y por ende el grado de intervención del Estado, en momentos en que las corporaciones y los organismos internacionales exigen su reducción. Es principalmente a los Estados y también a la sociedad civil, a quienes le correspondería monitorear si las empresas se comportan o no responsablemente y crear un marco normativo que asegure una ética de negocios en los procesos de producción, manufactura y distribución.

Mas allá de ese debate, algunas empresas han adoptado los llamados “códigos de conducta”, (SA8000 en EEUU y la Iniciativa de Comercio Ético de Reino Unido) documentos que describen los derechos básicos y los estándares mínimos que una empresa se compromete a respetar en sus relaciones con los trabajadores, las comunidades y el medio ambiente. La mayoría de los códigos de conducta contienen disposiciones sobre trabajo forzoso, discriminación, trabajo infantil, salud, seguridad, provisiones sobre libertad de asociación y unos pocos mencionan también el derecho de sindicación y negociación colectiva.

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El autor es economista y profesor universitario.
adolfomarti@verizon.net.do