En su afán de lucro, consultores ignoran enseñanzas de Ortega y Gasset

Con la pérdida de posicionamiento de medios periodísticos impresos frente al avance, masificación y penetración de portales informativos digitales, desde hace tiempo firmas que se dedican a estudiar el fenómeno ofrecen sus servicios con fórmulas mediante las cuales se busca reinventar la manera de hacer periodismo en los diarios.

Esas organizaciones se han venido también reformulando, ya que sus antecesores se enfocaban casi exclusivamente en la imagen y presentación de los diarios, por lo que ahora no se limitan a ese aspecto, ya que también prestan especial atención a crear contenidos novedosos, capaces de entusiasmar, impactar y atraer a los nuevos públicos.

La idea y el objetivo en un primer tramo es detener la pérdida de empatía o conexión entre lo que publican los diarios y las expectativas y necesidades de información de las nuevas generaciones, que difieren en mucho con públicos de otras décadas, cuando no existían internet, las redes sociales y tantas vías por las que fluyen las noticias con una capacidad de inmediatez sorprendente.

Como respuesta se emprende un proceso de reingeniería, selección y entrenamiento del personal periodístico para que se compenetre con los cambios en marcha y los interioricen, ya que sin un capital humano debidamente entrenado es imposible llevar adelante una tarea que impone desde los reporteros hasta los ejecutivos del diario un cambio cultural para dejar de lado gustos y preferencias personales.

Esta necesidad parte de un principio, aceptado y debidamente estudiado de que para sobrevivir los periódicos no pueden hacer más de lo mismo, o sea limitarse a llevar a sus lectores un registro de hechos anteriores en lo que se encuentren los mismos elementos que el público ya sabe de antemano a través de los medios digitales.

Consciente de esa realidad y como una contribución a sus miles de socios a nivel hemisférico, desde hace años la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) aprovecha sus dos reuniones anuales para, además de pasar revista a la situación de la prensa, llevar expertos a debatir el tema y ofrecer soluciones.

Aunque los cambios son necesarios e impostergables, se aconseja a los periódicos tener cuidado por el riesgo de perder su base tradicional de lectores files al aplicar modificaciones radicales en la búsqueda de cercanía con una juventud que, a diferencia de generaciones anteriores, tiene escasa vocación de lectura, porque nació en el mundo audiovisual.

Con igual propósito se aconseja una prudente cautela, mientras se aplican métodos para atraer nuevos lectores a través de los portales informativos que tienen los diarios y guiarlos por esa vía al medio impreso, donde deben encontrar, además de la noticia pura y simple, trabajos que les sorprendan y que toquen sus emociones, sentimientos, intereses y sensibilidades.

¿Por qué se debe tener cuidado y cierta reserva en puntos y sugerencias propuestas por estrategas y consultores en los asuntos comunicacionales antes de proceder a la ejecución? Es la forma inteligente de evitar o reducir la posibilidad de un fiasco cuando se acometen cambios sobre la base de fórmulas pretendidamente salvadoras que parten de un dudoso sustento concreto y creíble.

En una oportunidad aquí en el país esos vendedores de sueños propusieron dejar de publicar noticias sobre asuntos políticos , no cubrir nada relacionado con las entidades públicas, incluida el Palacio Nacional y convertir cada edición en un ejercicio de elucubración sobre los temas que serían noticias al día siguiente. Imagínense el salto al vacío en que caen y el “Pique” a que se exponen quienes ingenuamente se dejan embaucar siguiendo a consultores que son aves de paso y de vuelo rasante, desconocedores por completo de la idiosincrasia y las costumbres nacionales. A pesar de andar con un deslumbrante portafolios y de ser paisanos de Ortega y Gasset, ignoran o desconocen, quizás de forma deliberada, lo que con mucho fundamento decía el gran periodista y pensador español, de que con demasiada frecuencia la realidad social es como la urraca de La Pampa, que en un lado pega los gritos y en otro distante pone sus huevos.