En una democracia de 50 años hay que preservar sus valores

Con el triunfo del republicano Donald Trump, las democracias y los demócratas del mundo han entrado en pánico porque tanto en su discurso de campaña como por las acciones y disposiciones que anuncia para cuando asuma el cargo en enero, amenaza con restringir muchas de las conquistas que dentro del marco de la democracia norteamericana se han logrado.
Incluso en el ordenamiento económico global, marcado por la política neoliberal, se muestra resistente a la firma del PPT, el potente acuerdo transpacífico que auspicia justo Estados Unidos y que provocó que las democracias de la región se reunieran para afianzar y fortalecer los avances alcanzados para el gran acuerdo comercial.
Las democracias en el mundo tienen más de doscientos años, sobre todo la más sobresaliente, Estados Unidos, que se forjó porque sus colonizadores, desde que salieron de Inglaterra, tenían dentro de su plan estratégico la creación de un sistema diferente al que habían vivido, expresado en la libertad fundamentalmente religiosa.
La historia norteamericana es interesante y desde la guerra del té que dio inicio a la independencia y a la realización del sueño de los padres fundadores como se les conoce, hasta la realización del sueño de Martin Luther King, de lograr la conquista de los derechos civiles y la práctica de los mismos, son ejemplos positivos de la democracia.
La conquista de los derechos civiles le costó la vida a dos de los Kennedy, a Luther King y a otros líderes importantes. Estos derechos, además de la inclusión social y derechos de los negros están amenazados en estos momentos.
Las conquistas logradas por la humanidad no deben ser arrebatadas en ninguna parte del universo, todo lo contrario, mejorarlas. Si la democracia es el sistema al que más nos acomodamos, con más razón debemos de defender sus reales valores.
La democracia dominicana tiene poco más de 50 años, en términos históricos está en construcción todavía, empero se han logrado algunas conquistas y sus valores están plasmados en la Constitución, así como las leyes que garantizan los derechos ciudadanos, que obligan a la igualdad frente a esos principios constitucionales y legales.
Los males de crecimiento son palpables. Uno de ellos es que frente a la ley, no todos somos iguales. Si tenemos en cuenta la cantidad de personas privadas de libertad porque su pobreza no les ayuda a un buen acceso a la Justicia, además de vivir hacinados en cárceles, sin las mínimas condiciones que les pueda garantizar un retorno sano a la sociedad.
Es solo un ejemplo, sin contar las innumerables pequeñas conquistas de los ciudadanos que les son negadas a diario.