Encuentros. Y siempre abril

Encuentros. Y siempre abril

Acuérdate de abril, recuerda
la limpia palidez de sus mañanas
no sea que el invierno vuelva
y el frío te desgarre el alma.
Acuérdate de abril, recuerda
la luz, pero la luz más clara
la que el beso más mío deja
donde la boca más lejana.
Acuérdate de mí, si abril te llega
tendida, fiel y amada en otros brazos
acuérdate de mí, si abril volviera
con nuevo traje y nuevo lazo.
Acuérdate de mí, cuando el otoño
le dé paso a la primavera
acuérdate de mí, si el pensamiento
te libra del amor que te sujeta.
Acuérdate de abril, recuerda
mi voz cantando a tu sonrisa
acuérdate de abril que no se aleja
si hay más congoja y menos prisa.
Amaury Sánchez.

Siempre abril en el corazón de todos.
Abril de soledades. Abril de las luchas. Abril de las primaveras. Abril del amor y el desamor. Abril del dolor. Abril de la canción. Abril de los poemas. Abril de las flores para renovar las esperanzas. Siempre abril….
No sé por qué la llegada del mes de abril me pone nostálgica. Era una niña de diez años cuando estalló la Guerra de Abril. Vivía en mi Santiago natal, y por tanto no alteró mi cotidianidad, hasta que ocurrió el incidente en el Hotel Matum. En nuestra casa se escuchaban los disparos. El recuerdo del suceso lo tengo tan vivo como si no hubiesen pasado más de 50 años.
Pero abril me pone nostálgica porque ese mes fue el testigo de la partida al cielo del ser más especial de mi vida: mi madre Ana. Han transcurrido casi dos décadas desde que Dios requirió su presencia con él. Se nos fue de repente. Sin sufrir. Un día su corazón decidió detenerse y no latir más. Y desde su partida, abril volvió a colocarse en el centro de mi corazón. Todavía la siento a mi lado. Todavía escucho el sonido de su voz, cuando me llamaba y me decía: “Hola amore”. Cuando lo escucho en mis entrañas, se me sacude todo el cuerpo. Hoy, a mis más de 6 décadas vividas con intensidad, la extraño más que nunca. Quisiera volver el tiempo atrás para volver a ser la niña que se sentaba en su regazo; o la adolescente que temía a sus cóleras; o la mujer adulta e independiente, que se sentaba a su lado para compartir confidencias, temores, ansiedades y preocupaciones. Estoy segura que esa sensación de vacío la comparten mis 8 hermanos. Mamá nos hacía sentir especiales. Cada uno de nosotros era alguien único y especial para ella. Sabía adaptarse a nuestras formas, nuestras maneras de pensar y ver la vida. Callaba y con su silencio decía cuánto nos amaba.
Cada vez que llega el mes de abril, la nostalgia me atrapa, me sobrecoge y me lastima. Me ayuda a superar sus 30 días de duración, el esplendor de las flores, el maravilloso color de la primavera. Transitar por las carreteras y ver las amapolas florecidas y dispersas por las montañas, forrándolas del intenso anaranjado que contrasta con el verde de los pinos. Me emociona ver cuando las orquídeas de mi patio florecen, o las flores eternas de los lirios se hacen más bellas. Al disfrutar de esos pequeños regalos de la naturaleza, olvido las ausencias y las tristezas, aunque sea por un instante.
Cuando transcurren los días del mes de mis soledades y tristezas, llega entonces mayo, para resarcir el dolor de la nostalgia. Pero pasan los meses, finaliza el año, comienza el ciclo existencial, al nacer un nuevo enero, transcurre febrero y su bullicioso carnaval, comienza la cuaresma en marzo, y llega otro abril del dolor, del recuerdo y las nostalgias.
La vida es un ciclo perenne y permanente. El día nace y desaparece en la oscura noche, para renacer unas horas después. Y en ese eterno llegar y partir, se conforman las semanas, los meses y los años. Transcurre como un soplo. Sin darnos cuenta la juventud se desvanece. Nos llega la adultez, antesala de la vejez y la partida.
Al escribir estas palabras dispersas, concatenadas solo por los latidos de mi corazón y los hilos de mi alma, me doy cuenta que este abril lleva el número 61. ¡Ya he vivido 61 primaveras! ¡Han pasado 61 abriles por mi vida! Y al evaluarlos comprendo que no siempre lo dominó la tristeza y la nostalgia. Porque durante mucho tiempo pude disfrutar de la alegría por la sencilla razón de estar viva para descubrir los secretos de la vida.
Entonces me digo que abril llegará, volverá a arroparme la nostalgia de la ausencia del rostro y los brazos de mi madre, la extrañaré, secaré mis lágrimas, soñaré con sus abrazos y sus palabras, disfrutaré de ese momento íntimo y nuestro, para entonces sacudirme una vez más y proseguir.
Esperaré cada abril, me acostumbraré a mis carencias, y seguiré por la vida hasta que nos llegue el momento de reencontrarnos para siempre y por siempre. Viva la nostalgia, viva la tristeza y viva la esperanza, la alegría y sobre todo, ¡Viva la vida, con sus dolores y carencias!

Abril florecía
frente a mi ventana.
Entre los jazmines
y las rosas blancas
de un balcón florido,
vi las dos hermanas.
La menor cosía,
la mayor hilaba …
Entre los jazmines
y las rosas blancas,
la más pequeñita,
risueña y rosada
¿su aguja en el aire?
miró a mi ventana.

La mayor seguía
silenciosa y pálida,
el huso en su rueca
que el lino enroscaba.
Abril florecía
frente a mi ventana.
Una clara tarde
la mayor lloraba,
entre los jazmines
y las rosas blancas,
y ante el blanco lino
que en su rueca hilaba.
¿Qué tienes?le dije
(…)
Señaló a la tarde
de abril que soñaba,
mientras que se oía
tañer de campanas.
Y en la clara tarde
me enseñó sus lágrimas…
(…)
Fue otro abril alegre
y otra tarde plácida.
El balcón florido
solitario estaba…
Ni la pequeñita
risueña y rosada,
ni la hermana triste,
silenciosa y pálida,
ni la negra túnica,
ni la toca blanca…
Tan solo en el huso
el lino giraba
por mano invisible,
y en la oscura sala
la luna del limpio
espejo brillaba…
Entre los jazmines
y las rosas blancas
del balcón florido,
me miré en la clara
luna del espejo
que lejos soñaba…
Abril florecía
frente a mi ventana. Antonio Machado

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