ENCUENTROS 
Estoy hecha de palabras

La palabra pregunta y se contesta
tiene alas o se mete en los túneles
se desprende de la boca que habla
y se desliza en la oreja hasta el tímpano
la palabra es tan libre que da pánico
divulga los secretos sin aviso
e inventa la oración de los ateos
es el poder y no es el poder del alma
y el hueso de los himnos que hacen patria
la palabra es un callejón de  suertes
y el registro de ausencias no queridas
puede sobrevivir al horizonte
y al que la armó cuando era pensamiento
puede ser como un perro o como un niño
y embadurnar de rojo la memoria
puede salir de caza en silencio
y regresar con el moral vacío
la palabra es correo del amor
pero también es arrabal del odio
golpea en las ventanas si diluvia
y el corazón le abre los postigos
y ya que la palabra besa y muerde
mejor la devolvemos al futuro, LA PALABRA.
Mario Bennedetti

En una entrevista que me hizo una periodista para un reportaje que salió publicado en la revista de CCN, Saber Vivir, le dije que mi vida  estaba hecha de las palabras.  Recuerdo su sorpresa. Me preguntó que por qué hacía una afirmación tan sorprendente y extraña. Le respondí: porque esa era mi verdad.

Sí, estoy hecha de palabras, porque fueron las palabras de mis padres las que me formaron en la tierna infancia. Fueron sus elogios, intervenciones oportunas  y sus reproches los que forjaron mi personalidad. Las palabras constituyeron el medio para interactuar con mis 8 hermanos. Los gritos de alegría cuando estábamos inmersos en los juegos infantiles; las palabras entrecortadas por el llanto enojado cuando se provocaba un altercado infantil. Los diálogos de confidencias en el mundo adulto, y los gestos y palabras de apoyo cuando alguno de nosotros sufre y padece una prueba difícil.

Sí, estoy hecha de palabras, porque siendo joven decidí ser maestra, decisión que trajo aparejada miles de frases, oraciones aprendidas y párrafos y páginas que les dictaba y  repetía una y otra vez. Hoy, después de más de cuatro décadas en las aulas, me doy cuenta de las miles de palabras inútiles que pronuncié porque no comprendía, quizás porque no podía hacerlo, que el aprendizaje es una avenida de doble vía. Entendí después  que los alumnos deben sentirse libres de decir lo que piensan a partir de sus propias experiencias. Aprendí, a fuerza del diálogo permanente con los jóvenes que, ni mis palabras ni las suyas constituyen verdades absolutas, que la verdad es relativa y se construye en la comunión crítica de las ideas.

¡Ay! sí, estoy hecha de palabras, pues cuando  decidí ser historiadora, tuve que aprender a interpretar los laberintos y entresijos de los discursos pronunciados por los actores de la historia, resguardados en los miles de documentos donde dejaron sus huellas. Leer con detenimiento las palabras escritas, sus sentidos profundos y sus contextos, para poder entender por qué, cómo y dónde fueron pronunciadas o escritas.  Aprender  que la lectura tiene sentido relativo y  va más allá de su acepción gramatical.

¡Ay! sí, estoy hecha de palabras, porque al intentar plasmar en estos Encuentros los laberintos de mi alma, he tenido que recurrir a ellas de forma constante, sin a veces encontrar las apropiadas para describir los múltiples colores que representan y expresan mis sentimientos.  A veces es difícil decir  lo que sentimos cuando algo o alguien nos hiere, o sencillamente cuando nuestro amor es tan profundo que no existe en el vocablo universal una palabra que lo interprete y defina.

¡Ay! sí, estoy hecha de palabras,  porque amo profundamente la poesía y su capacidad de dibujar los largos y difíciles laberintos del alma. Porque en la sensibilidad de los poetas y sus poemas logro comulgar  mis dilemas, mis angustias, mis alegrías y mis tristezas.

¡Ay! sí, estoy hecha de palabras, aunque confieso que en esa sociedad de hoy, la comunicación es inacabada, solitaria, porque el diálogo se ha convertido en monólogos colectivos en las redes sociales. Porque informar es más importante que comunicar, porque no nos interesa lo que el otro piensa o siente. Porque a través de las redes sociales decimos lo que sentimos y pensamos, sin detenernos  en el receptor; porque  ese monólogo solitario llena un vacío que la vida cotidiana es incapaz de suplir.

¡Ay! sí, estoy hecha de palabras, aunque a veces me convenzo que el silencio es más efectivo, que el lenguaje no verbal en ocasiones es más contundente que mil discursos; porque los hechos dicen lo que pensamos y creemos, y a veces las declaraciones son solo poses hipócritas que no convencen a nadie.

Sí, estoy hecha de palabras, incluso de las que he pronunciado de forma inoportuna e inadecuada; de mis rabietas irracionales que sólo lastiman y no construyen. Como ser humano que soy, y por tanto me asumo finita y perfectible, quisiera recoger esas palabras, pero ya es tarde.  Y sí, aunque estoy hecha de palabras, el tiempo y los golpes me han enseñado a callar, a observar, a sentir, a reflexionar y meditar, para poder ser más cuidadosa en lo que digo.  Y sí, estoy hecha de palabras, y cada día me convenzo más de que diré lo que pienso, aunque duela, aunque me duela. Lo prefiero así, porque no puedo seguir cosechando la hipocresía que se ha adueñado de esta sociedad, y sobre todo de sus palabras. Se dice lo que el otro quiere oír, no lo que pensamos. Alabamos al de arriba por pura conveniencia. Por eso digo y repito, sí, estoy hecha de palabras, y a través de ellas exclamaré lo que pienso y lo que siento.

mu-kiensang@pucmm.edu.do
@MuKienAdriana