En el palacio

Un taxi  Mercedes Benz 2008 me transportó desde la terminal aérea hasta el hotel Ritz Carlton, donde se hospedó la comitiva presidencial en Doha, una evidencia del progreso económico que vive Qatar. El hotel se ubica en lo que es la nueva Doha, un área donde se construyen edificios comerciales y residenciales, avenidas, etc. Desde sus habitaciones se puede observar un proyecto de ganancia de terreno sobre el mar Arábigo o “isla artificial” como decimos aquí llamado   “La Perla”. Es algo ambicioso a cargo de la empresa estatal Qatari Diar, con hoteles, villas y edificios residenciales y de oficinas y plazas comerciales,  apoyado por una moderna infraestructura de servicios como avenidas, elevados, puentes y un sistema de Metro. La comitiva presidencial se hospedó en el piso seis y desde allí se divisa el proyecto en toda su dimensión. No faltó quien se gastara algunas bromas recordando que una de esas habitaciones la ocupaba Eduardo Selman, cónsul en Nueva York y que de una u otra forma bailó en todo aquel embrollo que hubo en el país con el tema de la isla artificial. Selman, muy ajeno a esas bromas, me comentó maravillado la viabilidad que esos proyectos de infraestructura sobre el mar están teniendo en el Golfo Pérsico y  otras partes del mundo, mientras en República Dominicana hubo quienes hasta lo satanizaron con argumentos que nadie es capaz de sostener por estos lares. Pero la visita a Qatar se centraba básicamente en el interés de abrir las puertas a futuros acuerdos en materia de energía, básicamente de importación de gas natural. La representación del sector privado dominicano se explicaba por sí sola: Arturo Santana, de Mundogas; Carlos José Martí, de Tropigas; Ricardo Canalda, de Clave; Rolando González Bunster y Elena Viyella de Paliza, del sector de generación eléctrica. Otros dos empresarios representaban áreas distintas como José Miguel Bonetti y Juan Ramón Gómez Díaz. En el Ritz Carlton los gastos de la comitiva dominicana corrieron por cuenta del Emil Hamad Bin Khalifa Al Thani, al tratarse de una visita de Estado. Pero en esta parte del mundo la tradición es agradar al máximo a los invitados, y eso hizo el Emir al final de la estadía, envió costosos obsequios a cada uno de los miembros de la delegación dominicana, incluyendo finos relojes Rolex . Aunque me registré en ese hotel, a mis manos no llegó ningún obsequio Real. Me dicen que Yarima Sosa, la asistente presidencial que tuvo a su cargo la repartidera, ha sido solidaria con amigos que quedaron en el país, a quienes ha hecho llegar parte de las exquisitas bondades del Emir. Eso, en buen dominicano, es sin duda un gesto noble.