En el palacio

Qatar es un Estado islámico  y la Shariaa (Ley Islámica)  es su principal fuente de legislación, pero se le considera  un país abierto en comparación con el resto de sus vecinos árabes.    Hay libertad de cultos y al emir se le atribuye el haber propiciado el progreso político del país desde que diez años atrás derrocara a su propio padre en un cruento golpe de Estado, en medio de un escándalo por el depósito de miles de millones de dólares en un banco suizo. En el curso de la visita, escuché al canciller Carlos Morales Troncoso decir que la aspiración del emir es convertir a Qatar en el Estado más transparente del mundo, y resaltaba que un miembro de la familia Real había sido  procesado y condenado a cadena perpetua por actos de corrupción. La Familia Real     la forman unos 300 miembros que perciben alrededor del 70 por ciento de los beneficios del petróleo y del gas, y el emir Hamad Bin Khalifa Al Thani está entre los diez principales hombres más ricos del mundo. Tiene tres esposas, con las que ha procreado 23 hijos, la mayoría residentes en Londres o en Estados Unidos. Pero el heredero reside en Qatar, emir  Tamin Bin Hamad bin Kalifa Al Thani, de 24 años, actual ministro de Deportes. En el curso de la ceremonia de recibimiento al presidente Fernández en el palacio Amiri Diwán no recuerdo haber observado la presencia de mujeres, ni siquiera como parte del servicio. Algunos integrantes de la comitiva manifestaron interés en hacerse fotografías para el recuerdo con damas que vistieran con su  atuendo islámico, con la cabeza y el rostro cubiertos, pero siempre encontraron una actitud de rechazo. Incluso, esa misma actitud la observaron los hombres, pero siempre hay una excepción. Manolo Medina, fotógrafo oficial del Presidente en aquella gira, pidió a un árabe del personal de apoyo a la comitiva posar con él para una foto  frente al Palacio Real, pero éste se negó rotundamente. Poco después apareció Annia Valdez, una morena esbelta, de impresionante físico, y preguntó al mismo árabe si accedía a posar junto a ella.  El hechizo fue inmediato, no sólo accedió gustoso y con disimulada sonrisa, sino que pidió le indicara en qué flanco se colocaba, si a la derecha o a la izquierda de su cuerpo. La cultura y la tradición islámica, por lo visto,  no contaron ante el hechizo de una caribeña de verdad.  De regreso al hotel Ritz Carlton, la preocupación de los miembros de la comitiva que acompañó al mandatario, por los excesos de velocidad, aumentaron a tal grado que algunos se acercaron al general Héctor Medina, el jefe de la seguridad presidencial de la República Dominicana, para que éste oficial interviniera y previniera algún accidente fatal.