Energía para vivir y progresar

Sin energía no hay vida. Sin energía tampoco hay progreso. Los seres vivientes requieren abastecerse de la energía disponible y transformarla para poder seguir viviendo. El día en que este proceso no pueda darse, muere el ser viviente. El sol, fuente primaria y básica de la energía que tenemos en el planeta Tierra, nos envía sus benéficos rayos de luz para almacenar la energía solar en las plantas mediante la fotosíntesis.  El progreso del hombre ha estado signado por el continuo dominio que ha tenido para aprovechar la energía.

En sus inicios el hombre primitivo se valía de su propia energía. Con el cultivo de las plantas y la domesticación de animales, el ser humano logró mejorar la obtención de energía para satisfacer sus necesidades. Esto le permitió pasar de la etapa cazadora-recolectora-nómada a vivir en ciudades, especializar sus poblaciones y a crear estados-naciones en vez de clanes y tribus dispersos. Con el dominio del fuego, la metalurgia y del recurso agua se fue incrementando el aprovechamiento energético per cápita, lo que a su vez permitió una mayor organización social, permitiendo a la vez el desarrollo social y cultural. El progreso tecnológico luego hizo un salto con los motores accionado por el vapor y de combustión interna, no tardando mucho hasta el arribo de la era de los combustibles no renovables como el carbón, el petróleo y el gas natural. De esta etapa pasamos a la Era Atómica.

El mundo, y nuestro país en particular, se encuentran hoy asediados por los altos precios de los combustibles fósiles. Dependimos por mucho tiempo del petróleo barato, a pesar de los signos ominosos que se cernían sobre el horizonte. Ya esta era se acabó. Eventualmente, tendremos que desarrollar las tecnologías para aprovechar los núcleos atómicos; el gas natural, el GLP y los biocombustibles tienen una vida útil que nos proporcionarán respiro temporal.

Mientras tanto, aprovechemos el tiempo con fuentes alternas como la de los paneles solares, la eólica.