Energía renovable

Las alzas constantes de los precios internacionales del petróleo, entre otros factores, han obligado a las economías del mundo a buscar alternativas para reemplazar los derivados de este mineral fósil en la generación de electricidad y operación de motores de combustión interna.

Esta necesidad ha llevado a desarrollar y mejorar medios como los generadores eólicos; celdas solares más eficientes, como las de silicio amorfo; insistir más en el aprovechamiento de los caudales de los ríos y profundizar los estudios para la producción de celdas de combustible más eficientes y menos difíciles de mantener, tecnología esta última en la cual el hidrógeno tiene reservado un papel estelar.

En la industria automotriz hay una fiera competencia por desarrollar vehículos con alternativas motrices, como algunos modelos híbridos en los cuales motores eléctricos y de combustión interna se reparten el trabajo y se encargan del ahorro.

Y hay una verdadera fiebre a nivel mundial por la instalación de plantas productoras de etanol o alcohol anhídrido y biogás, elaborados en base a materia prima vegetal.

La mira también está puesta sobre el gas natural, del cual hay enormes reservas en todo el mundo y cuyo costo es relativamente bajo.

En resumidas cuentas, el mundo está tratando de sacudirse el pesado fardo de los veleidosos precios petroleros.

– II –

Para economías como la nuestra, dependiente de petróleo importado, el desarrollo a gran escala de alternativas energéticas tiene carácter de alta prioridad.

Y lo es en tal magnitud que el Gobierno ha procurado no solo incentivar la inversión local y extranjera en la producción de etanol y biodiesel, sino que ha dado los pasos necesarios para amparar estas iniciativas con un marco jurídico adecuado, con reglas de juego bien definidas.

La aprobación reciente de una Ley de Energía Renovable, por parte del Senado, es uno de esos pasos dirigidos a establecer las normas que han de regir la exploración y explotación de fuentes alternativas de energía que permitan aligerar nuestros gastos petroleros.

Ya hay proyectos específicos para generación de energía eólica en la zona Este del país y de arrendamiento de ingenios estatales a  firmas locales y extranjeras para producir etanol a partir de la caña de azúcar.

Hay en marcha acuerdos importantes sobre la materia, particularmente con Brasil, como parte de la gestión por el reemplazo de derivados del petróleo.

El Gobierno, a través de la Secretaría de Estado de Industria y Comercio, ejecuta con admirables resultados un programa de electrificación de hogares rurales por medio de paneles solares.

En resumidas cuentas, hemos entrado en la carrera mundial por la sustitución cada vez más significativa de derivados del petróleo por alternativas menos costosas, aunque debemos admitir que andamos muy mal en materia de ahorro de hidrocarburos. Adelante.