Enfermedad Inflamatoria Intestinal y Nutrición

Enfermedad Inflamatoria Intestinal y Nutrición

La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) se refiere a condiciones que cursan con inflamación de la vía digestiva de forma crónica y recurrente. La dos principales entidades son la Colitis Ulcerativa (CU) y la Enfermedad de Crohn (EC). Sus manifestaciones pueden ser diversas, siendo las más frecuentes el dolor abdominal, la diarrea y la sensación de urgencia de evacuación. Otras pueden ser sangrado digestivo, fatiga, dolores articulares y lesiones en la piel. Su causa es desconocida y para que ocurran se deben combinar varios factores: predisposición genética, factores ambientales desencadenantes y alteración del sistema inmunológico o de defensa.

1. ¿Tiene algo que ver la alimentación en el desarrollo de esta condición?
Las investigaciones indican que el cambio en los hábitos alimentarios que ocurrido en las últimas décadas basado en alto consumo de comida “rápida”, dietas ricas en grasas saturadas, harinas refinadas, azúcar y un bajo consumo de frutas y verduras puede estar relacionado con el desarrollo de EII.

2. Los pacientes afectados pueden tener problemas nutricionales? Cuando existe una condición que altera el proceso normal de absorción de nutrientes en el intestino se pueden observar repercusiones nutricionales. Se estima que entre 20 – 70% de los pacientes afectados con EII pueden presentar pérdida de peso, anemia por deficiencia de hierro, bajos niveles de ácido fólico, vitamina B12, Selenio, Zinc y con ello, afectación del sistema inmunológico.

3. La dieta de los pacientes con EII debe ser especial? La alimentación debe ser ajustada a la fase de la enfermedad en que se encuentre el paciente (momentos de crisis o momentos de remisión), así como a la tolerancia individual de los alimentos. En general en momentos de crisis se debe evitar lactosa, frutas, verduras crudas, leguminosas, cereales integrales, carnes rojas y exceso de grasa. A medida que el paciente va mejorando, se van introduciendo los alimentos poco a poco y vigilando su tolerancia.

La meta final es que el paciente tenga una dieta equilibrada, balanceada y sana, similar a la población general, ya que disminuye la posibilidad de desarrollar deficiencias nutricionales. Se recomienda el consumo de frutas, verduras, pescado, yogurt, aceite de oliva, ya que han mostrado ser beneficiosos. Evitar el exceso de grasas de origen animal, grasas procesadas y de azúcares. Asimismo, realizar actividad física de forma regular. Esta columna es la sección educativa de la Sociedad Dominicana de Nutrición Clínica y Metabolismo. Escribe tus preguntas a: [email protected] / @sodonuclim.