Ennoblecimiento de la sociedad

David Sarnoff escribió en 1915 al consejo de administración de la American Marconi Company. Tenía un sueño. Contemplaba familias enteras alrededor de lo que llamó una caja de música, escuchando conciertos, conferencias y noticias. Había ingresado de niño en la empresa, en Nueva York, y le sirvió en esta calidad al propio inventor. El hundimiento del Titanic habría de catapultarlo, pues permaneció tres días con sus noches clavado ante un aparato de telégrafo, recibiendo informaciones del Cárpatos. Marconi admiró su entrega y lo hizo jefe de tráfico.

Era su oportunidad. Había ingresado porque una enfermedad del padre condujo su familia al hambre y lo sacó de la escuela. Astuto e inteligente, observaba a los telegrafistas, operaba los equipos para que éstos descansaran, y aprendió a desempeñar el oficio. También esto hizo que Marconi se fijase en él, mucho antes del naufragio del navío que “ni Dios podrá hundir”. Desde la nueva posición revivió sus sueños. Las familias, decía en su comunicación, se reunirían a escuchar la caja de música, de igual manera que se reúnen alrededor de un piano para tocar y cantar.

Pero Marconi estaba vendiendo la empresa. Durante la primera gran guerra el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica lo separó de ella. Razones de seguridad impulsaron al Departamento de Estado, pues, el inventor era italiano. Aquella medida lo hizo resentirse. La respuesta a Sarnoff fue negativa, y siguió siéndolo durante los años siguientes. Marconi vendió, y de la American Marconi Company surgió la Radio Corporation of America (RCA). Un gran amigo de Marconi, J. Andrew White, intervino en las negociaciones, y asumía una posición de alto nivel en la nueva compañía..

Sarnoff re-expuso su idea, y White le procuró recursos, sin revelar a los nuevos propietarios el proyecto tras el que marchaba su amigo. Con el concurso de otros colaboradores iniciaron transmisiones de prueba. El 19 de julio de 1921 fue de júbilo para ambos. Se radiodifundió, con éxito, una pelea entre Jack Dempsey y Jorge Carpentier. ¡La radiodifusión había nacido! 

Con trescientos receptores colocados en lugares públicos de Nueva York y condados y ciudades aledañas, Sarnoff, además, recaudó fondos para devolver los recursos a White. La caja de música marchaba adelante. Pero andando el tiempo dejaría de ser centro de las familias. Vendrían años no soñados por Sarnoff en que expresiones soeces sustituirían sus acariciadas conferencias instructivas. Y en las que la incorrecta pronunciación de vocablos estimularía a transitar el camino de la ignorancia.

Sarnoff, por cierto, también impulsó la invención de la televisión. ¿Acaso no pensó en ella como otro medio destinado a propulsar sano entretenimiento y cultura en el ámbito familiar, como su caja de música? Las generaciones posteriores cambiamos el objetivo, como sabemos. Tal vez, sólo tal vez, aquello del pecho desnudo de Janet Jackson en la transmisión de la multa a la Columbia Broadcasting System está inscrito en estos pasos de la involución del sueño de Sarnoff.