Entre el asombro y la indignación

A la ligera, podría uno pensar que no es posible descomponer y pauperizar un país en el espacio de un período presidencial de cuatro años. Un estadista norteamericano, de tiempos pasados, cuando se pensaba en virtudes de gobierno (aunque se errara en aspectos de política exterior), manifestaba que la ventaja de los períodos presidenciales de cuatro años consistía en que no se podía destruir un país en un cuatrenio.

Se equivocó. Con un Congreso Comercializado (salvo excepciones) pueden llevarse a cabo empréstitos multimillonarios en dólares, pueden realizarse compras y “negociaciones” absurdas (usemos el eufemismo) como la compra de los apagones de Fenosa, sin tomar encuentra sus faltas enormes a los compromisos por ellos contraídos, es posible que se realicen unos Juegos Panamericanos a todo lujo en un país que carece de lo esencial: energía eléctrica, alimentos y medicamentos esenciales a precios accesibles para las mayorías y también a las minorías que se han visto obligadas a reducir su nutrición diaria a arroz de la peor calidad (puntilla: arroz partido y desechado para ventas normal) con aguacate, berenjena o tayota, porque hasta las sardinas enlatadas de baja calidad, y los tradicionales platos de pobres: arroz con bacalao o plátanos con arenque, se han internado dentro del mundo de los platos “gourmet”.

Las sorpresas no cesan. He leído que el Ingeniero Manuel Arias, gerente del proyecto multiuso de SEDEFIR, anunció que costaron cuatro millones de dólares las diez pistas de chevrón que serán colocadas en igual número de provincia,s y el titular de la Secretaría de Deportes, César Cedeño, reconoce el aporte de senadores y diputados, aprobando un “sueño que se convertirá en realidad a partir de enero, cuando se inicie la inauguración de las instalaciones deportivas”.

¿Sería ese el sueño de nuestros deportistas?

De repente, la República Dominicana se ha convertido en un país cuya prioridad principalísima es el deporte aunque los deportistas locales vivan en la miseria. Yo me pregunto: ¿Qué calorías no ingeridas van a gastar nuestra gente en sus carreras sobre pistas de chevrón y en las demandantes exigencias caloríficas de las demás disciplinas deportivas?

En verdad, este gobierno del señor Mejía, es increíble. El no escucha consejos y parece continuar, con una solidez y firmeza propia de mejores fines, en su repostulación y consecuente reelección, a fuerza de corromper la opinión pública a impactas de papeletazos convertidos a dólares, porque en el valor del peso nacional nadie cree, y nos estamos asomando a las famosas “papeletas de Lilís”.

Consejos honestos no han faltado. Ahora la voz, con una vigencia de veinte siglos superados, la Iglesia Católica “exige medidas drásticas para solucionar la crisis”. Habla de equilibrar los gastos estatales y apela a la conciencia de Mejía para que evalúe verazmente el impacto de su propósito de repostulación, que es indudablemente negativo.

Podría argumentarse que el propósito reeleccionista no es tan importante si el pueblo no lo apoya. ¿Pero apoyó siempre a Balaguer, mi ilustre amigo personal, cultural y artístico?

No.

El poder es terrible, y fue único amante-amado de tan brillante amigo.

El señor Mejía está en el poder. Eso lo cambia todo, aunque sus militares, no lo apoyen masivamente con distintivos políticos en sus fusiles como en el 1978, cuando perdió frente a Don Antonio Guzmán, que respetó la dignidad de la Presidencia y trató, a lo mejor de sus posibilidades, de ser un presidente justo,honesto y positivo. Aunque algunos de sus funcionarios cercanos no compartieran sus nobles ideales.

¿Cómo podría hacérsele entender al señor Mejía que sus antiguamente desmentidos propósitos reeleccionistas, son en verdad fatales par ala salud de la Nación?

Habrá que establecer porcentajes de culpabilidades.

No son pocos los culpables.

Tal vez Mejía no sea el peor.