Entre el pesimismo y las rebatiñas políticas

La más importante empresa de telecomunicaciones del país está tratando, por medio de un musical bien logrado y con una letra motivadora, a que los dominicanos abandonemos el pesimismo que nos arropa, para que el país pueda seguir adelante como había sido la norma en la década del 90.

Los esfuerzos de la prestigiosa empresa extranjera choca de frente al estado de ánimo de los dominicanos, agobiados por una fuerte recesión económica con los sueldos atrapados en sus más bajos niveles por el colapso del valor del peso frente al dólar, el cual ya supera tranquilamente el techo del 40 por 1.

La desastrosa administración perredeísta, fruto de los empeños presidenciales de buscar la candidatura de su partido para ver si es reelecto en mayo venidero, ha arropado todas las esperanzas que se había puesto en manos del presidente Mejía en agosto del 2000. Ahora vemos como paso a paso se va labrando un camino de desaciertos y de ambiciones, en que después de haber mantenido tasas de crecimiento notables por más de diez años, el país se ha hundido, casi en la quiebra financiera, ahora con crecimientos negativos. Las bóvedas del Banco Central están sin divisas, una deuda externa impresionante contratada en los pasados tres años y el cúmulo de errores más notables que un grupo de hombres y mujeres pudieran haber hecho en tan corto tiempo para empujar la inflación a casi el 40% y obligar al uso de emisiones inorgánicas para cubrir los hoyos financieras de tres bancos en donde la complicidad oficial los levó a tales bancarrotas.

El pesimismo nos arropa a todos. Cada día que pasaporte más motivos para que el mismo continúe en crecimiento, cuando las metidas de pata de la administración, y en particular del equipo económico, son constantes y sin visos de detenerse, con una notable escalada de precios que obliga a la gente a reprimirse en los gastos y esperar a ver que es lo que va a pasar con un equipo humano de tan desafortunada actuaciones.

Hasta el mismo renacer del acuerdo con el FMI, ha chocado de frente con el temor del organismo internacional, que de nuevo cree que lo van a engañar, como la vez pasada con las autoridades metiendo de contratando el nefasto acuerdo de recompra de las acciones de las Edes españolas, que disgustó tanto al FMI. La falta de un acuerdo con el organismo internacional ayuda a que la prima del dólar se mantenga en ascenso, fenómeno que es ayudado por la terquedad presidencial en mantener, contra viento y marea, unas aspiraciones impopulares de la reelección ya que se sabe que con tantos recursos del poder en sus manos, y que no se le aprieta el pecho para utilizar esos recursos a raudales, atemoriza a la población de que avasalle a sus demás rivales de partido para lograr una candidatura que es mal vista por la gran masa de votantes ubicada en el sector de la masa silente.

El pesimismo, tan arraigado en nuestra genética debido a todos los pesares y acontecimientos trágicos que registra nuestra historia, y que fuera tan bien analizado por José Ramón López que lo ubicó como parte intrínseca de la raza, por el tipo de alimentación, se eleva por encima de cualquier deseo de sentirse optimista, ya que no hay motivos para esto por la forma de como nos dirigen las autoridades electas en mayo del 2000, y que en sus manos, el país se ha desgranado empujándolo hacia la pobreza con índices temibles de desempleo, de suicidios, de agresión a las mujeres con un alto índice de violencia familiar, de cierre de negocios diversos y la ruina de los que permanecen abiertos, que ahora se les quiere señalar como culpables por su falta de solidaridad social, aduciendo el gobierno que se están beneficiando de un peso barato y están ganando millones cuando tal cosa es mentira como ya lo han demostrado muchos comentaristas tantos de los medios escritos como de la televisión y de la radio.

Ahora mismo no hay espacio para el optimismo, junto a una administración que menosprecia a sus demás conciudadanos considerándolos como ineptos y tratándolos con prepotencia y engreimiento acabándolos con los insultos más variados, y sin hacerle caso a sus demandas ni peticiones para enmendarse, prefieren continuar tercamente empujando al país hacia un atolladero que ojalá no explote en manifestaciones sociales destructoras de la paz y del sosiego que hemos vivido después de 1965, tan solo salpicado por un período de gobierno en donde las rivalidades ideológicas estaban al rojo vivo que obligaba a un enfrentamiento mortal de los incontrolables que se anidaban en ambos lados del espectro político y económico.