Entre la libertad y el miedo: prefiero la libertad

Cuando la honorable magistrada Miriam Germán dijo que: “en el corazón de los humanos se libra una batalla entre la libertad y el miedo”, esa expresión se me grabó en lo más profundo de mí ser, porque a lo largo de mi vida la he tenido que librar y libro todavía.
Conozco el miedo y por eso disfruto, amo y lucho por la libertad, y la entiendo además como la más grande de las conquistas del pueblo dominicano, que se levantó contra la tiranía y la opresión solo para conquistar la libertad coartada por la dictadura.
Según la Real Academia de la Lengua, la libertad es “la capacidad de la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad de la persona”. Hermosa definición, y que bien el uso de los conceptos conciencia y pensar porque sin libertad es difícil pensar, producir, crear, generar cambios y construir en el tiempo y en el espacio todo el caudal de realizaciones del que son capaces las cien mil millones de neuronas que pueblan nuestros cerebros.
Después de la vida, sigue la libertad como parte esencial de los derechos humanos. Por la libertad se levantan los pueblos, se sublevaron los esclavos y pienso que la carencia mayor que puede tener un ser humano es no ser libre. Ya la esclavitud ha sido generalmente superada y la condición de ser libre es inalienable, innegociable.
Respecto al miedo, el diccionario aporta varias definiciones, hasta para determinar sus efectos en la salud: produce falta de armonía en los riñones, razón por la que algunas personas se orinan cuando lo sienten.
El miedo produce pérdida de control sobre la conducta, y a menos que se tengan severas y firmes convicciones, el miedo puede transformar a las personas.
Los miedos se producen por distintas razones. La sensación de angustia ante la presencia de un peligro real o imaginario, miedo a los espacios cerrados, a las multitudes, a las amenazas de pérdidas y otros miedos.
Muchos le temen a la oscuridad. Yo también le temo, pero no a la que produce la falta de energía eléctrica -nací en un campo donde no había luz y eso me enseñó a adorar el sol porque fue mi primera y única luz-, le temo a la oscuridad de la ignorancia, al claustro de las injusticias, a la que se aferra a la codicia, a las ambiciones desmedidas, a la que no permite la transparencia, a la que prodiga el odio y el rencor.
Por miedo se traiciona, se cometen injusticias, se compran conciencias, se callan voces, se censuran espacios, se da lugar a las vilezas, la traición y se ejercitan los más bajos instintos.
La libertad en esta reflexión se me presenta como el antídoto del miedo. Con ella se consigue el arma para vencer todos los miedos y, junto al valor de la verdad, nos hace volar tan alto como para tocar el cielo sin atropellar a las estrellas.