Entre tucanos y cajas

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República Dominicana llega al final de 2009 entre tucanos y cajas. Los tucanos son, supuestamente, para capturar narcotraficantes que entran y salen del país como perro por su casa.

Las cajas son para perpetuar la plaga del clientelismo y que el pueblo empobrecido siga agradeciendo la supuesta bondad de los mismísimos que niegan el bienestar a la mayoría de la gente. Perversidad, ¿verdad?

El año estuvo adornado con sonados casos del narcotráfico. En los últimos meses Figueroa y Sobeida desplazaron a Paya. En medio de los escándalos llegaron los súper tucano que costaron una millonada.

Si el gobierno decomisa drogas por la misma cantidad, por lo menos se recuperará simbólicamente el dinero gastado. Pero lo más probable es que después de algunos espectáculos aéreos la droga siga pasando y quedándose.

Si no, ¿cómo traer tantos capitales para generar apariencia de progreso? No es con el salario mínimo ni medio de la gran mayoría del pueblo que se compran apartamentos de lujo y se sostienen bares, restaurantes y discotecas.

Ojalá los economistas locales se animaran a medir con precisión el peso del narcotráfico en la economía dominicana. Sería un aporte importante.

El presidente Leonel Fernández le dio la bienvenida a los tucanos con la V de la victoria; así crea ilusión de que el narco será derrotado. Manténganse en sintonía para nuevos episodios de capturas y fugas.

Las cajas navideñas hacen otra vez titulares de primera página. Las de pobres van llenas de comestibles baratos y la gente se mata por ellas en campos y ciudades.

Las de funcionarios y sus allegados no son cajas, sino canastas, y están rellenas de productos caros. El gobierno las justifica bajo el argumento de que son un legado navideño de Joaquín Balaguer, maestro querido de los políticos dominicanos.

Pero dígame usted, ¿el pueblo votó alguna vez para que un funcionario le regale a otro una canasta con vinos, whisky y quesos caros?

Las compras se hacen con dinero del pueblo y el gobierno no tiene derecho a gastarlo en regalos. Tampoco tiene derecho a promover la politiquería clientelista del reparto de cajas, cuando mantiene a muchos hambrientos durante todo el año.

Es una regla sencilla de ética pública que ningún gobierno dominicano asume. Año tras año hay un derroche de dinero con el propósito de agradar por unas horas a seguidores con cajas y canastas.

A propósito de ética, el último espectáculo risible de la política dominicana fue la reunión del presidente Fernández con representantes de organismos internacionales para que ayuden a combatir la corrupción con estudios de transparencia.

Es risible porque el gobierno sabe dónde hay corrupción, quién la comete y cómo. Entonces, convocar ahora los organismos internacionales con tales propósitos es un espectáculo igual que la V de la victoria con los tucano.

Se acercan las elecciones de 2010 y un tema será la corrupción. El gobierno quiere blindarse de acusaciones y ha buscado como capote a los organismos internacionales.

En lo que se realizan los estudios, se celebrarán las elecciones de 2010, y una vez concluido el proceso electoral no habrá incentivo para llevar a la práctica las sugerencias que emanen de las evaluaciones realizadas sobre corrupción gubernamental. Son tiempos calculados; un montaje para el allante.

El 2010 asusta porque la primera mitad será un espectáculo de derroche en medio de las precariedades que aquejan muchas personas y los graves problemas del país.

El gobierno derrochará para ganarle al PRD. Como el gobierno tiene más recursos que la oposición, y el PRD no inspira ilusión de cambio, en mayo tendremos las crónicas anunciadas.