Entrevista con el poeta David Escobar Galindo En cada época, la poesía revela la esencia más profunda del ser humano

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POR LEÓN DAVID
–Te considero un clásico de los tiempos modernos. Entre otras cosas, todavía te empeñas en escribir sonetos y versos que responden a la métrica tradicional… ¿Por qué?

R:  Por puro movimiento espontáneo de la voluntad poética. Desde que comencé a escribir más en serio, allá en la adolescencia, sentí en forma muy entrañable que lo primero no era la técnica –necesaria, por supuesto, como en cualquier actividad humana— sino la actitud personal frente al fenómeno creador: una actitud que debe ser de plena y completa fidelidad a lo que es el ser del poeta y a lo que es la poesía misma. Yo escribo lo que siento y en la forma en que me nace. No puedo preconcebir el poema. A veces surge un soneto, otras veces un haiku, en ocasiones un texto en verso blanco, con frecuencia también un poema en verso enteramente suelto. Creo que es una forma viva de libertad. Y debo decir que para mí el verso medido y aun rimado es el más libre de todos, porque la forma ya está dada y los enlaces los van buscando las palabras mismas: el poeta puede ocuparse sólo del contenido. En realidad, todo esto es más de temperamento que de propósito.

 –¿Qué es para ti la poesía? ¿Qué significado ha tenido ella en tu vida?

R:  Para mí la poesía es una forma del ser. Es más que una vocación, y mucho más que un oficio. Uno nace poeta y se hace escritor de poesía. El ser ya está ahí: el hacer es el que se forma.

En mi vida, la poesía ha significado el cumplimiento progresivo de mí mismo. Y al tener la posibilidad de ir convirtiéndolo todo en poesía, ésta desempeña muchas misiones en lo que al poeta se refiere: es autoconocimiento, autodepuración, autorrealización… Para el poeta, la poesía es un don esencial, que hay que ejercer con regocijo disciplinado, no con sufrimiento vanidoso…

Un poeta me dijo una vez, con énfasis que quería ser crítico: –Yo ando en busca del verso inmortal… Y yo le respondí: –Yo no, porque la inmortalidad es lo más temporal que existe…

–También eres ensayista y dramaturgo y cuentista. ¿Cómo se relacionan todas esas modalidades de escritura entre sí, y en cuál de ellas sientes que te expresas de manera más satisfactoria y cabal?

R:  Yo he cultivado muchos géneros no por prurito de enciclopedismo, sino porque creo que no todo cabe en un solo género. Hay contenidos que se ajustan más a la poesía que a la prosa, y viceversa. Hay cosas que quedan muy bien en un artículo periodístico pero que entrarían mal en un cuento. Yo me inclino anímicamente a la síntesis, por eso me siento muy cómodo en el soneto, en el artículo periodístico, en el aforismo, en el cuento breve y brevísimo… 

–¿Cómo y cuándo te iniciaste en el quehacer literario?

R:  Vamos por partes. Empecé a escribir en la niñez, como todos los niños poetas, por un impulso que uno no sabe cómo le viene. Yo pasé mucho tiempo en el campo, en una finca donde vivía mi madre con su segundo esposo. El contacto con los elementos naturales ha sido vital para mí; y también, desde luego, el contacto con el espíritu campesino. Si tú me apremias, me siento muy gratificado al confesar que soy un campesino hospedado en la ciudad, que también siento muy mía.

En la adolescencia se me hizo consciente la poesía como destino personal. Nadie me estimuló, salvo algún maestro en el colegio; pero en realidad nunca tuve dudas ni angustias el respecto; y esto es temperamental, y por consiguiente no constituye ningún mérito. Eran los años 60, cuando la gran marea revolucionaria. Yo nunca fui marxista, y eso me acarreó grandes incomprensiones y silencios n el ambiente literario. Me llamaban reaccionario y arcaico, entre otras lindezas. Pasé toda la guerra de 12 años en El Salvador, porque no quería perderme aquel gran drama histórico. Y el destino me lo premió: tuve la suerte de ser parte del equipo que negoció la paz interna, que firmamos en 1992. Con uno de los comandantes guerrilleros, también poeta, publicamos, en 1996, un libro de poesía en común: “El venado y el colibrí”. Él era el comandante del grupo que me declaró “criminal de guerra”. La evolución lo puede casi todo.

–Cuéntanos algo acerca de los libros que has escrito y publicado, y de los que estás en estos momentos preparando.

  R: He publicado más de 60 libros. Sobre todo de poesía. Uno de los que yo más aprecio es mi libro de “Fábulas” en prosa, mucho más al estilo de Esopo que de los franceses y los españoles. Y tengo mucho material por ordenar, a lo largo del tiempo. Yo publico en los periódicos desde hace 40 años. El periódico es un extraordinario vehículo para estar en contacto directo y diario con la gente. Mucho de ese material lo ordeno en libros.

  Estoy por publicar un nuevo libro de poesía: “Dos entre nos”, de sonetos. Uno de cuentos muy breves que se llamará “Hidroponía mágica”. Y una novela que ya tiene largo tiempo de estar en el taller: “En el jardín de don Alberto”. Don Alberto es don Alberto Masferrer, uno de nuestros grandes humanistas, hombre de paz y de batalla cívica. La narración novelesca es una fantasía: parte del supuesto de que en el “más allá” sólo los que en esta vida no tuvieron absolutamente nada que ver con la violencia de cualquier tipo tienen derecho a jardín… Y por ahí va la trama…

–¿Cuál es la importancia  de la poesía para la sociedad, en particular para esta sociedad contemporánea que parece no interesarse demasiado en ella?

R:  La importancia de siempre: revelar, en cada tiempo y lugar, las esencias más profundas del ser humano. En esta época, en la que globalizan las perversiones del mercado, esa misión es más necesaria que nunca. Como decía don Enrique Larreta, el argentino tan olvidado, en el prólogo de su libro de sonetos “La calle de la vida y de la muerte”, a la poesía se acude como a las joyas en los naufragios. Es lo más valioso por rescatar.

–¿Quién es David Escobar Galindo?

  R:  Un ser humano, un ciudadano, un poeta. Un hombre muy felizmente casado con su musa cotidiana. Un creyente en Dios que le habla a Dios en confianza. Un militante de la paz.

David Escobar Galindo

David Escobar Galindo es, sin discusión posible, el más alto representante contemporáneo de las letras de El Salvador. Poeta y escritor, nació en la ciudad de Santa Ana, El Salvador, el 4 de octubre de 1943. Poeta de honda raíz, percibe realidades de otros mundos más allá de los sentidos, a los que se asoma con un es-no-es irreverente, y donde aprehende palabras y metáforas que han enriquecido la poesía en lengua española del presente siglo. Comenzó a publicar desde el año de 1969, y desde entonces no ha dejado de hacerlo hasta el día de hoy. Además de su intenso trabajo literario, es Rector de la Universidad Doctor José Matías Delgado.