Era de indocumentados

Federico-Henríquez-Gratereaux

Esta época que nos ha tocado vivir tiene, sin duda, algunas “ventajas tecnológicas”, si la comparamos con los tiempos de nuestros padres y abuelos. Disponemos de teléfonos móviles, televisión por cable; a través de las redes de “Internet” nos mantenemos informados de todo cuanto ocurre en el mundo. Podemos hacer transacciones comerciales y pagar cuentas desde nuestras casas con una “laptop”. Pero nuestra época, además de ser “edad de la inteligencia artificial”, es la era de los indocumentados; un tiempo en que millares de hombres salen de sus países sin saber si podrán regresar algún día a sus hogares.

Este tema ha sido abordado por cineastas de Hispanoamérica que entraron ilegalmente al territorio norteamericano. Tener o no tener el “green card” es un asunto de vida o muerte para ciertos profesionales del arte cinematográfico. Para muchas actividades especializadas, los EUA representan “la tierra prometida”. Asentarse allí es el sueño de buen número de profesionales de la física, la química, la ingeniería. El único lugar donde pueden encontrar financiamiento para sus proyectos es los Estados Unidos. Todos los “asuntos complementarios” que exige la investigación científica concurren en ese país: laboratorios, inventores, universidades, técnicas de computación. La industria está preparada para “fabricar instrumentos nunca vistos”.
Estos emigrantes, indocumentados o no, buscaban un ambiente propicio para sus conocimientos profesionales; escogían un país determinado: por su desarrollo económico, por el rigor de sus universidades, por tener un mercado de amplio “consumo en masa”. Este ha sido el motivo tradicional para emigrar, de pequeñas ciudades de provincias a las capitales; o de los países pobres a las naciones ricas. Los centros de atracción ha sido Londres, París, Nueva York.
En este momento la emigración es un fenómeno general. Hay emigrantes por motivos políticos, por crisis económicas, por escasez de puestos de trabajo, por guerras intestinas en las cuales participan “otras naciones”, como es el caso de Siria. La reacción colectiva ante el cúmulo de emigrantes es la xenofobia, el incremento del sentimiento nacional, la protección del territorio y de las costumbres locales. Los gobiernos extranjeros intervienen: con bombas en unos casos, con dinero y propaganda en otros, con “diplomacia” y presiones económicas casi siempre. Estos “inconvenientes” empobrecen nuestras “ventajas tecnológicas”.