¿Es españa instintivamente monárquica?

REY ESPAÑA

Las lágrimas que surcaron el rostro del rey Juan Carlos I, el miércoles pasado, al caer la tarde, tras firmar la Ley de Abdicación y abrazar a su hijo Felipe, el Príncipe de Asturias, también expresan el final de una etapa en la historia de España; y podría decirse, que de la historia de Europa y del mundo, en la medida en que tanto su renuncia como la del Papa Benedicto XVI están, de alguna manera, relacionadas con el clamor global por transparencia, sobriedad y austeridad, no solo en los actos públicos, sino hasta en la vida cotidiana.

Lo que ocurre habria resultado impensable en otros tiempos: nada de pompa en las ceremonias de relevo, miércoles y jueves pasados, actos relativamente frugales; ausencia de realeza, nada de banquetes, en la recepción solo brindis de bocadillos que los invitados comieron de pie; en vez de champaña, vino espumoso del país.

También, los niveles de austeridad y sencillez de la vida pública y cotidiana del Papa Francisco son bastante conocidos: prefiere vivir en la habitación 201 de la residencia de Santa Marta, en cuya capilla oficia misa en las mañanas, en vez de pernoctar en los gigantescos espacios que los Papas han ocupado en el Vaticano.

Pienso que tanto la renuncia de Benedicto XVI como la abdicación de Juan Carlos I son expresiones de la ola indetenible de cambios que se producen, y seguirán realizándose, en el mundo actual, como resultado de la revolución científico-técnica que, especialmente desde los años 80, se desarrolla en la humanidad; sobre todo con el cada vez mayor impacto en el mundo contemporáneo de instrumentos tan determinantes e impresionantes como la Internet, las TICs y las redes sociales.

No hay lugar posible para la oscuridad, para el ocultamiento; el mundo se ha convertido en un espacio de cristal, donde todo se ve, donde todo se oye, y en donde ni se ve ni se oye, se percibe. La transparencia es el pan nuestro de cada día. Ya lo había anunciado Marshall McLuhan en su aldea global, pero Julian Assange y Edward Snowden lo han certificado con sus historias terribles, así como Bill Gates y Steve Jobs, los grandes descubridores de nuestro tiempo.

Por eso, el presente, más que una época de cambios se trata de un cambio de época, como quedó definido en la V Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano, celebrada en Aparecida, Brasil, en mayo 2007: “Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es la cultura”.

Hoy no solo se vive en España y el mundo la dificultad económica: es una problemática mucho más compleja que en otros tiempos, por las diversas facetas que cubre: social, política, ética, cultural y antropológica.

Al describir la España de hoy, a la que se suma la proclamación, desde ayer, del rey Felipe VI, Natalia Junquera expresa que “Sin la épica de los tanques, sin las amortizadas rentas de haber sido el salvador de la democracia, don Felipe, de 46 años, inicia hoy una batalla contra el desencanto de una población escéptica con las instituciones, que no han sabido dar solución a sus problemas y que ha agotado su margen para la indulgencia harta de escándalos y corruptelas”. (El País, Madrid, 18-6-14).

Y en el periódico citado se tocaba también el tema que ha vuelto a debatirse en sectores de la sociedad española: república o monarquía. Varios años después de la revolución de septiembre de 1868, conocida como La Gloriosa, que derrocó a la reina Isabel II, de España, del diario Times, de Inglaterra, el 30 de junio de 1870, se refería a la relación del pueblo español con la monarquía:

“Cuando huyó en septiembre de 1868, España permaneció monárquica por instinto; la reina fue destronada; la casa de Borbón podía considerarse excluida de la sucesión al trono; pero en la opinión pública predominaba la idea de que era necesario un rey para hacer la felicidad de España. ¿Sucede eso mismo hoy?”. Fue reproducido en el periódico español El Imparcial, del 4 de julio de ese año, que al insertar el comentario, advierte que “…no aceptamos las apreciaciones del diario de Londres en lo que se refiere a la opinión monárquica de nuestro país”.

Al ser proclamado, el rey Felipe VI abogó por “una España unida y diversa en la que cabemos todos”.

¿Es España instintivamente monárquica, como señaló el diario inglés? (Continuará).