Qué se dice: Es personal

Claudio Acosta

Si alguna duda había sobre la  naturaleza de la confrontación entre el presidente Danilo Medina y el expresidente Leonel Fernández, quien anunció su renuncia del PLD   en un extenso discurso que convirtió  en un memorial de  agravios supuestamente  recibidos del mandatario,  quedó despejada con las “breves palabras” pronunciadas por este durante el pleno de dirigentes celebrado el pasado lunes. El presidente Medina respondió uno por uno  los señalamientos del expresidente Fernández sobre el origen de las diferencias entre ambos, que públicamente se han recriminado deslealtades y traiciones, ofensas y desplantes,    en un   choque de egos que el país ha contemplado entre la vergüenza ajena  y la perplejidad. Esas diferencias y contradicciones se sospechaban y comentaban en mentideros políticos  y tertulias radiales, pero nadie sabía, hasta que ambos líderes tuvieron la oportunidad de sacarse de adentro  el rencor y el resentimiento  acumulados durante su larga cohabitación política, que  hubieran llegado a tales extremos, definitivamente irreconciliables. Lo que alguna vez fueron discrepancias políticas, crispaciones propias de las relaciones entre dos líderes políticos  que en un mismo partido persiguen el mismo objetivo, han devenido en un asunto personal, en un pleito “entre tú y yo”, como en aquellos matrimonios que con el tiempo, y a pesar de los sueños compartidos y la bendición mutua de los hijos, terminan odiándose profundamente sin ponerse de acuerdo sobre quién tuvo la culpa. Y si no fuera porque, además de ser un espectáculo lamentable, es también una peligrosa señal en momentos en que la marcha de la economía, la joya de la corona de los gobiernos peledeístas,  muestra  indicadores preocupantes, podría afirmarse que esa confrontación parece un pleito de niños malcriados que todavía no  comprenden que el mundo no se va acabar  porque no sepan   compartir el mismo juguete.