¿Es Piketty heterodoxo?

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El tema de conversación entre los economistas es el libro de Thomas Piketty, El Capital en el siglo XXI, que en su edición en inglés lleva en tres meses varios cientos de miles de ejemplares vendidos y que apareció el año pasado en Francia con una venta muy lenta. Tan escandalosa reacción llevó al premio Nobel de Economía Paul Krugamn a escribir sobre el terror de los ideólogos neoliberales de que hay que pararle el argumento a Piketty, y a la semana, el Financial Times se aparece con la denuncia de errores en la data utilizada para el análisis de los dos últimos siglos del capitalismo.

En un encuentro social de los profesores del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra nos pusimos a hablar del tema de moda, sobre Piketty, y escuché a Miguel Ceara Hatton decir que los que están atacando a Piketty son los heterodoxos y no los ortodoxos. En el momento no hubo ningún argumento alternativo.

Queda entonces la reflexión de si Piketty es ortodoxo o heterodoxo. Vale explicar a los profanos, ¿qué es la ortodoxia y qué es la heterodoxia para los economistas? Desde el inicio de la ciencia económica, nacida de la pluma de Adam Smith, profesor de Ética de la Universidad de Edimburgo, Escocia, pretendió seguir el camino señalado por Isaac Newton con su Ley de la Gravitación Universal y buscar una ley que explique el ejercicio de la libertad en la vida social, y resultó en la Ley de los Mercados, a partir de su libro Investigación sobre el origen de la riqueza de las naciones. Como base teórica, postuló la Ley de Valor/Trabajo como la fuente de valoración de todos los bienes y servicios, es decir, las mercancías. Así se inicia la ortodoxia, marcada por la metodología hipotético/deductiva de inspiración de la física newtoniana.

Carlos Marx, quien viene de la tradición continental de Europa, donde se consolidó la Escuela Historicista, produce la hibridación del historicismo con la noción económica del Valor/Trabajo y nace la heterodoxia. También son heterodoxas otras escuelas de la época, como los austríacos que recogen el historicismo, el institucionalismo de Veblen y otras escuelas que rechazaron tempranamente el enfoque fisicalista. En otro desarrollo, economistas no-sajones crean la teoría marginalista (obra del matemático Cournot y de los economistas como Jevons, Menger, Wicksell y Walras) que es asimilado con David Ricardo, y se establece la escuela neoclásica y que se convierte en el eje de la ortodoxia, o “main stream” económico.

Cosas de la vida, los continuadores del pensamiento marxista no evolucionaron y se quedaron prisioneros de la definición del Valor/Trabajo y toda la revolución posterior de sobrepasar el equilibrio de los mercados parciales y establecer una teoría del equilibrio general (que avanzó Walras, pero que no tuvo aplicación por no existir las matemáticas necesarias ni las computadoras suficientes para el cálculo) llegó de la mano de John Maynard Keynes al establecer la “macroeconomía” como la técnica analítica de un equilibrio general y esta ser convertida a la visión neoclásica por Hicks y su modelo IS/LM. De ahí salen los pos-keynesianos que reniegan de la traición neokeynesiana de John Hicks y se refuerza la crítica heterodoxa, excelentemente explicado históricamente por Nicholas Wapshott, Keynes vs. Hayek: el choque que definió la economía moderna (disponible en español, publicado por la universidad de los jesuitas de Deusto).

En esta confrontación, entre Keynes (adalid de Cambridge) y Hayek, buscado por la rival de la London School of Economics, para desarrollar el pensamiento alternativo de los neoaustríacos descendientes de los historicistas e inspirador de los monetaristas de Milton Friedman, marca el trasfondo de la polémica alrededor de la obra de Piketty, ya que éste tiene su doctorado de la London School of Economcis, con toda la tradición analítica sajona pero en la cuna de la oposición al keynesianismo más rancio.

Sin embargo, Piketty escoge un tema de especialización más cercano a la heterodoxia marxista, como es la “inequidad”, por lo que le toma quince años producir el texto original en francés, reconstruyendo las series estadísticas de los retornos del capital para engrosar las 700 páginas de su libro. Pero no usa ni la metodología ni el lenguaje marxista para desarrollar su tesis de la acumulación del capitalismo en el percentil más alto de la sociedad capitalista.

Recogiendo la pregunta de Miguel Ceara Hatton, me parece que lo que Piketty ha hecho es devolverle el favor de Hicks de interpretar a Keynes en el marco neoclásico cuando con la metodología econométrica y cuantitativa recoge las pruebas de la acumulación capitalista para demostrar la más preciada tesis heterodoxa. En cierta forma, le señala el pecado que se le muestra a Hicks. Ahora falta investigar si las conclusiones son aceptables por la calidad de las pruebas. Es la misión que se impuso el Financial Times para descalificar a Piketty.

Me parece que será una polémica como la de Hayek y Keynes (que duró cincuenta años) o la anterior de Keynes y Pigou (un poco más corta), porque partimos desde las posiciones irreconciliables de las dos visiones de la economía, pero con los métodos desarrollados a lo largo de décadas de investigación económica. Pero subyacen las mismas preguntas que animaron estas polémicas: ¿qué clase de sociedad queremos? ¿Cuánta fe tenemos en un organismo individual? ¿Y qué les debemos a nuestros conciudadanos y a nuestro futuro?