Es que somos un país muy especial

Casi siempre que ocurre algún acontecimiento político en el exterior, sobre todo si tiene vinculación con el país, se hacen análisis por los medios o en las tertulias, como si aquí las cosas fueran a suceder igual, y hasta se hacen pronósticos como dictamen inequívoco. Como si fuera palabra de Dios; sin embargo, hay que detenerse a analizar que hemos sido un país cuyos acontecimientos han tenido un comportamiento desacompasado con lo sucedido en otras latitudes.

Por eso, cuando ocurren situaciones, ya sea en América Latina o el Caribe, Estados Unidos o Europa, se pretenden crear escenarios parecidos con los que ocurren aquí, pero sin tomar en cuenta que nuestra historia nos enseña que somos arrítmicos. Pensando que se trata de países con la misma forma de pensamiento, educación o nivel organizacional, se han hecho tantos pronósticos, intentos o ensayos, pero sin grandes resultados. Porque como popularizó Cuquín: somos un país muy especial.

El país del que mayor influencia recibimos a partir de la apertura democrática en los inicios del 1960, hasta hace poco, fue Venezuela. No solo el PRD de Bosch y Peña Gómez, sino también los Socialcristianos del desaparecido PRSC, siguiendo líneas más o menos parecidas a las de los dos viejos partidos: Acción Democrática y Copey. Incluso algunos movimientos de izquierda, aunque teniendo un comportamiento diferenciado.

Luego de que en Venezuela se diluyeron los dos partidos fuertes, asumió el control político un sistema basado en la fuerza popular y militar, mientras aquí, aunque con algunas pinceladas parecidas a lo que ocurrió allá hace unos años, el sistema de partidos todavía se mantiene.

Pero si algo pudiera predecirse que podría ocurrir aquí, tomando en cuenta lo que sucede en el exterior, sería algo parecido a lo acontecido en Venezuela, más que en cualquier otro país. Y aunque por ahora no se vislumbra nada similar a lo que ha sucedido allá, que no lo califico, de producirse un debilitamiento de los partidos del sistema, podríamos tener resultados bastante parecidos.

Porque si se continúan produciendo enfrentamientos y fragmentaciones en las principales fuerzas políticas, como de hecho comenzó hace tiempo, primero en el reformismo, que más que partido era un conglomerado alrededor de un caudillo; continuando con lo ocurrido dentro del perredeísmo global en sus diversas vertientes: PRD, PRI, BIS, PRSD, PRM, donde más que pensamientos han estado en juego conductas, personalismos y actitudes; y en el PLD, que a pesar de haber sabido superar las contradicciones, no pueden ocultar dificultades internas, no hay que descartar que a mediano plazo se produzcan acontecimientos similares.

Si los partidos son incapaces de mantener sus estructuras sólidas y sanas para que la gente siga creyendo en ellos, y el establishment contribuye de cualquier forma a su debilitamiento pensando que podrán cosechar el poder mediante una fórmula, aunque diferenciada de nombre, pero fundamentada en los mismos esquemas de dominio y control de las estructuras sociales, políticas y económicas, estarían equivocados, pues la cosecha podría ser un modelo popular al estilo sudamericano.