Es un arrabal entorno del Malecón, en el mismo centro del Distrito Nacional

DN

Las hatbichuelas están guisadas y el arroz en el fogón. “Chévere” duerme plácidamente en un sofá, un amigo suyo hace lo mismo en una silla, mientras tres perros descansan en una especie de casucha. Esta escena se observa a diario a pocos metros del Monumento a los Héroes del ajusticiamiento de Trujillo, en la avenida 30 de Mayo.

Hace más de nueve meses el litoral del mar Caribe se ha convertido en el “lugar de pasaje” de Víctor Rodríguez de León, nombre de pila de Chévere, un anciano de 71 años que labora como “sereno” en el taller de mecánica Malecón Auto Servicios, y alega no ganar lo suficiente para viajar diariamente a su casa en Piedra Blanca de Haina, por lo que permanece durante el día en ese lugar donde cocina y recibe visita de amigos.

“Yo gano 100 pesos diarios como sereno y no puedo gastar 60 pesos que me cuesta ir y volver a mi casa, por eso me quedo aquí y voy cada 15 días”, alega en su defensa el sonriente señor. Chévere enciende leña todos los días para cocinar, almacena galones de agua y tiene diversos trastes en el Malecón de Santo Domingo, sin embargo asegura que “no viola las leyes”.