Escasez de agua y dejadez oficial

Hoy se celebra el Día Mundial del Agua y ayer, también por disposición de la ONU, se conmemoró el Día Mundial Forestal. Ambas fechas nos encuentran en una grave escasez de agua que afecta a la ciudad y de manera dramática al campo, la producción agrícola y ganadera.
Ambas celebraciones están entrelazadas porque sin bosques no hay agua y sin agua, no hay vida. Esa es una triste realidad que, salvo en los gobiernos de Balaguer, no se le ha prestado la atención suficiente para, por lo menos, paliar la situación.
Justo es reconocer que en 2 gestiones del PLD, contrario a lo que se hace ahora con un Ministro de Medio Ambiente cuestionado por los ambientalistas, Jaime David Fernández Mirabal y Francisco Domínguez Brito, defendieron la preservación de los recursos naturales.
Salvo estas excepciones, los gobiernos no han enfrentado con el carácter que amerita a los campesinos, terratenientes y bandas de haitianos que contratados por mercaderes de nuestros recursos naturales, acaban con nuestros bosques por la madera, o para hacer carbón o conuquismo.
En un comunicado del presidente de la República, se lee: “Ya en el país la deforestación ha provocado la desaparición de centenares de ríos y reducido, de manera considerable, el caudal de los que sobreviven, lo que obliga a la adopción de medidas más rigurosas para repoblar de árboles las zonas devastadas”.
Estas medidas rigurosas deben dirigirse, simultáneamente, a evitar que sigan deforestando nuestros bosques y destruyendo nuestras fuentes acuíferas sin importar los intereses que se afecten, incluyendo a los dueños de compañías que dejan a nuestros ríos sin lecho por el saqueo continuo de sus arenas.