Escenario
El tiempo de teatro es ¡Siempre!

El teatro es una de las más completas manifestaciones artísticas. En ella se entrelazan y actúan en perfecta armonía: literatura,  expresión corporal, expresión de la voz, música y artes plásticas.

Durante siglos ha sido quizás, la más sincera  vía de comunicación entre diferentes pueblos y generaciones, poseedor de un lenguaje propio que va mucho más allá de las palabras y que es capaz de transmitir sentimientos,   emociones y sensaciones.

Ha sido una excelente herramienta de los grandes revolucionarios  de todos los tiempos a la hora de crear conciencia en las masas,

La  necesidad de expresar lo que es para mí este arte, intentando describir algunas de las  características más significativas del teatro en mi experiencia, tiene que ver con el hecho de que en este mes de noviembre tendría lugar el VI Festival  Internacional de Teatro Santo Domingo 2008, y estaría con mis colegas del teatro dominicano en este  gran evento de nuestra cultura.

Durante los últimos años, viendo teatro e interactuando con artistas de otros países, ha crecido mi admiración hacia  colegas, compañeros y compañeras  de estudio, profesores, amigos y amigas del teatro dominicano que, en su mayoría, producen teatro de gran calidad con pocos recursos.

Para esta clase, de hombres y mujeres que trabajan constantemente, con deseos de que se desarrolle plenamente nuestra cultura, el Festival Internacional de Teatro, ha constituido, desde su creación en el 1997, una gran oportunidad de interactuar tanto con los grupos locales, como con las compañías internacionales que han estado presentes en este evento de gran importancia, además, por la creciente participación popular que le caracteriza.

Desde hace 2 años  la Secretaría de Estado de Cultura, a través de la Dirección de Festivales Internacionales de Teatro, ha venido trabajando  en la realización de la VI Versión de este Festival.

Luego de  la comunicación de posposición del VI Festival Internacional de Teatro Santo Domingo 2008 para el próximo  año,  debido a la crisis económica internacional, dos posiciones se alinean en torno a esta decisión:

De un lado están los que piensan que  se han  invertido tantos recursos  en  estos dos años que tiene andando la organización de este evento: tiempo, trabajo y  dinero, además de lo  costoso que resulta desmontar esta gran producción en la recta final, que  hubiera valido la pena seguir adelante.

De otro lado están los que opinan que de seguir adelante quedaría comprometida la calidad del Festival, ya que sería necesario  recortar gran parte del programa, sin contar con  la deuda que se podría  generar de llegar hasta el final del evento.

No tiene ya ningún sentido polemizar con relación a estas opiniones,  de todos modos en  junio de  2009 será la VI versión del  Festival Internacional de teatro de Santo Domingo.

Lo que sí vale la pena aclarar, es que el teatro no es un lujo.

El hecho de que se posponga el Festival Internacional de Teatro, me imagino, no significa que esta es una actividad considerada superflua que lo mismo da  realizar, como dejar de hacerlo. Por el contrario, estoy segura de que nuestras autoridades entienden que este evento significa un importante avance en la democratización y desarrollo integral de nuestra cultura. 

El teatro no es un entretenimiento. Claro está que cuando hablo de teatro no me refiero a comedias de TV Llevadas a grandes salas. Debemos tener claro que el teatro sí puede entretener, pero no es esa su esencia.

Más que alejarnos de la realidad, característica principal del mero entretenimiento, el teatro ayuda a observarnos, y reflexionar sobre lo que somos y como llegamos a este punto. Nos revela nuestras carencias al  colocarnos  frente a nuestros defectos  y nuestras virtudes, además  de ser parte importante de nuestro contacto con el resto del mundo. Parte de nuestra responsabilidad como artistas es rescatar el arte puro, íntegro, siendo líderes, por  nuestra  capacidad de crear y comunicar, y no permitir que las mayorías queden fuera de esta opción.

“La cultura tiene un cáncer y es el entretenimiento”, (Angélica Liddell, España-2008)

Si no valorizamos nuestra cultura, el teatro y  demás manifestaciones artísticas,  junto con  el deporte, seguramente muchos de nuestros jóvenes seguirán  inclinándose hacia telenovelas, reguetones con textos obscenos en colmadones  y demás “entretenimientos’ que están al alcance de la mano y que alienan a nuestro pueblo, incitándole al consumismo  y en muchos casos  al vicio y a la violencia.

Se hace necesario un equilibrio de ofertas realmente culturales. Invertir en el teatro y demás manifestaciones artísticas, promoviendo eventos que brinden la oportunidad al pueblo de recibir  lo mejor que cada una ofrece, no es un gasto superfluo porque, sin perder de vista en ningún momento el orden prioritario de necesidades, no podemos avanzar en la lucha contra la desigualdad, si no está garantizado el acceso de las mayorías a la cultura, que es uno de los derechos humanos.