Escuadrón de pájaros

Federico  Henríquez Gratereaux

Un automovilista, atareado por llegar a su oficina, pone sus ojos en los semáforos, en los muchos vehículos que marchan en fila por las calles asfaltadas; en las moles que son los camiones-tanques, las patanas de muchos ejes. Pero casi nunca presta atención a la naturaleza. Hay ciudades poco arboladas, donde los pájaros se refugian en las azoteas de las torres de apartamentos. Felizmente, ese no es el caso de la ciudad de Santo Domingo. Nuestra ciudad conserva aún, en sus principales avenidas, largas hileras de árboles: palmeras, caobos, almendros. Y los pájaros se posan todos los días en los cables del tendido eléctrico.

Tal vez esas aves que descansan en las líneas de alto voltaje, encuentran en la ciudad semillas e insectos para alimentarse. De no haber árboles no habría semillas, ni frutas, ni gusanos para los pájaros; ni siquiera la humedad suficiente para que exista paja con la cual hacer los nidos. Las evoluciones, ascensos y descensos, de palomas, carpinteros, chinchilines y chua-chuas, libran al automovilista de los malos pensamientos al atravesar una ciudad en la que nadie cumple con las “reglas del tránsito”. Esto es muy importante en la “confluencia” de la primavera y la Semana Santa. Ni “la florida estación del año”, ni las fiestas religiosas, son oportunidades buenas para “echar pestes”.

Árboles, pájaros y flores, contribuyen a curarnos de los dolores de la política, de las angustias monetarias, de las dificultades que acarrean -simultáneamente- la falta de energía eléctrica y la venalidad de los policías responsables de organizar la circulación de vehículos. El vuelo de las aves, en bandadas con perfecta sincronización, es un espectáculo hermosísimo que puede espantar el mal humor. En la primavera todo reverdece o renace, los pájaros del mundo reclaman el amor mediante cantos especiales.

Mirar los árboles tiene efectos sedantes. Las hojas de un almendro, por ejemplo, pueden ser verdes, amarillas, violetas, rojizas o terrosas. Se acumulan al pie de los troncos como basura limpia multicolor. Deberían ser “estímulos” para pintores, post-impresionistas. Una bandada de palomas y un montón de hojas de almendro, son dos motivos válidos para saludar la primavera. También para agradecer los muchísimos regalos que la vida nos ofrece todos los días.