Escuchar sin intérpretes

Escuchar sin intérpretes

Carmen Imbert Brugal

Un prestante ciudadano aseveraba, durante la campaña electoral pasada, que el candidato del PRM estaba atento a todo lo que ocurría en el país. Pendiente de los programas de radio y tv, también husmeaba por el laberinto virtual.
La atención y vigilancia le permitió detectar lealtades y establecer una extraordinaria sintonía con la calle.

Calle que, gracias a la excelente conducción, convirtió demandas de minorías en aspiración colectiva.
Aquel candidato hoy es el presidente de la República. Es indudable que no puede estar tan atento como antes, al devenir mediático.


Sus obligaciones y extenuante agenda, impiden la atención de otrora a esos espacios que, en su mayoría, difunden más halagos y complacencias con su gestión que críticas.


Su investidura obliga a tener y a confiar en la mejor asesoría de información. La condición de jefe de Estado y de gobierno, conmina a estar al tanto de las menores incidencias de la vida pública nacional. Suministrar el dato es trabajo para las personas designadas y encargadas de informarlo.

Tienen que hacerlo sin enmascaramientos fatales.
Cuando el presidente asumió el discurso de salvaguarda del territorio, del rescate de la soberanía, a contrapelo del pensamiento de algunos de sus funcionarios, logró un respaldo inédito.


Proclamó, a pesar del rechinar de dientes de sus independientes beneficiarios, la decisión de reivindicar lo pautado en el Programa de Gobierno del PRM sobre la “Política Exterior del Gobierno del Cambio” y “Control de la Frontera para la Gobernanza Migratoria”. Asimismo, subrayó la vigencia de la ley de Migración.


Discursos incendiarios se sucedieron, convocatoria de urgencia al Consejo Nacional de Migración, invitación a los representantes de partidos políticos para compartir la determinación de enfrentar el mal que amenaza la frontera. Todos aplaudieron al aliado, dador de favores. El clarín de guerra parecía sonar y atizó el amor patrio.

Transcurren los días, pervive la fantasía, empero, la realidad marca surcos que las consignas omiten.
¿A quién escucha el presidente para calibrar el éxito del blindaje fronterizo? ¿Quién le comunica, “con el debido respeto”, la inutilidad del despliegue de drones y pertrechos, de carros de asalto y armas relucientes?
A la superioridad militar no le gusta desagradar al comandante en jefe, tampoco detenerse en las minucias que permiten el cruce indetenible de indocumentados.


Es desagradable admitirlo, tanto como reconocer que todavía no ha sido detectado ningún traficante de mujeres haitianas embarazadas.


Los hechos atentan contra la majestad de las Fuerzas Armadas y arriesgan la exitosa narrativa nacionalista.
La situación amerita escuchar voces adecuadas, no las del relumbrón mediático obsecuente.


Alguien debe comunicarle al mandatario, que los senadores de las provincias fronterizas, denuncian constantemente, la falencia del blindaje. Ellos conocen la permanencia de actividades, que el discurso oficial afirma haber erradicado.
Sin temor a la reprimenda, la cercanía al despacho presidencial, debería auscultar el sentir de los habitantes de la línea noroeste, para compartir con el presidente el testimonio. Desde Montecristi hasta Pedernales, todos lamentan cuan frágil es la vigilancia de la frontera.


Es necesario saber a quién escuchar, para enfrentar la realidad, no para encubrirla.

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