Esos días de la guerra

POR PASTOR VÁSQUEZ
A Don Rafael Charjub Mejía, hombre de gran valía en la sociedad dominicana. Está lloviendo en Petion Ville en este histórico mes de abril, histórico porque en estos días dijo adiós su santidad Juan Pablo II, un hombre que será recordado por generaciones y generaciones, y porque le dimos la bienvenida a otro papa que eligió el nombre de Benedicto XVI.

!Ah! ¿Sabían que el Papa se llama Benwá? !Um hum! Lo vi en el periódico “Le Nouvelliste”, decía más o menos así: “Habemus Papam, il s’appelle Benoit XVI”. Hasta ahora el único Benoit que yo conocía era el viejo Benwá que durante toda su vida trabajó con mi padre en la industria azucarera.

Ahora Benoit debe vivir por los lados de Cruz Verde, pues allí fue la última vez que lo vi mientras yo hacía un reportaje para el periódico hoy sobre los antiguos ingenios azucareros. Ya estaba bien acabadito el pobre Benoit, quien un día salió de un lugar llamado Terrier-Rouge, en los confines de Haití y jamás volvió a su tierra natal.

Como yo no sabía que Benedicto significa Benoit o “Benwá”, me chocó mucho aquello, porque ustedes se imaginan uno saludando a Su Santidad. ¡Y qué Benoit, así mismo como uno saluda al viejo Benwá, mientras camina con un pico al hombro llevando su corrita de pico canzado!

Bueno, pero el caso es que abril me ha traido también un poco de nostalgia, porque las lluvias han sido un poco tristes. De noche he tomado mi guitarra, porque tengo un mes buscando un tono y no lo encuentro. Luego, en vez de ponerme a leer poesías acompañado de una copa de vino, me la he cogido con leer nuestra historia. ¡Cada loco con su tema!

El libro se llama He aquí la Izquierda y lo escribió Rafael Charjub Mejía, un hombre del que he aprendido demasiado, pues fue mi líder desde que yo tenía 14 años y decidí marchar por los senderos de la izquierda revolucionaria. De eso no me arrepiento como lo han hecho algunos saltarines, pues gracias a la izquierda me eduqué y aprendí cultura general.

Y en medio de estos días de lluvia alguien me ha pedido que narre lo que yo escuchaba cuando joven sobre la guerra, que haga alguna historia de lo que sucedía con los campesinos que vivían en los alrededores de Santo Domingo y que quedaron aislados en medio de la contienda.

Yo nací dos años después de la Guerra. Ya mis padres habían venido de Mojarra, donde Papá era Guardiacampestre. De niño escuché muchas historias. Durante la guerra los campesinos de Ceiba 12, Reventón, Mata Mamón, Guanuma, Santa Ana, Rancho Arriba, Hacienda Estrella y sus cruces, vivieron momentos de escasez, de angustia, pues no había noticia de lo que pasaba en Santo Domingo.

Yo recuerdo que mi padre contó que una noche llegó un hombre tocando la puerta. Tenía las ropas sucias, los ojos desorbitados y el rostro pálido. Era un soldado que había desertado, enterró el arma y se fue a refugiar a mi casa, porque era nativo de Bayaguana y había escuchado allá hablar de mi Padre, que era también de esas tierras. En mi casa le dieron refugio.

También esuché muchas veces a Pedrito Bone, que era lechero en Mata Redonda, hablar de unas muertes misteriosas en los alrededores de Guanuma, donde un contigente militar asesinó a un grupo de personas. Bone dice que los gritos eran infernales esa noche. Muchos años después supe que entre esos muertos estaba una revolucionaria llamada Yolanda Guzmán. Si usted va del cruce de la Jina hacia Guanuma, usted verá a orillas de carretera un muro descolorido y casi destruido que fue levantado en su honor.

Contaban también los viejos que en los días de la guerra había que escuchar la radio bajitico, no sé por qué. Y también se dice que una tarde llegaron tres jepp llenos de militares y se instalaron en el patio de la vieja Tunina. Eran guardias americanos que supuestamente no querían pelear y se fueron al monte a pasarse los días comiendo mangos y arroz con coco. Yo conocí a uno de esos guardias, al tiempo volvió y vivió en Ceiba 12, porque se casó con una negrita de Rancho Arriba. Se ganaba la vida arreglando radios. Luego regresó a su país con todo y la negrita y jamás se ha sabido de ellos.

Recuerdo muchas cosas más, pero ya tengo sueño y ha parado la lluvia.