Esperanzas con transformaciones

Aunque no es mi caso, ya que por mis singulares soledades infantiles, siempre rodeado de brillantes personas mayores, soy fundamentalmente parco, estoy seguro de que cualquiera desearía tener la facilidad de palabra del presidente Fernández. Y su carisma, tan necesario en política. Se trata de un Presidente que nos hace sentir bien, nacional e internacionalmente.

No obstante, enormes mayorías –yo incluido-, anhelamos que deje momentáneamente de lado la solidez de su cultura y, al igual que el admirado –y todavía bastante incomprendido- Juan Bosch, cuando Fernández se dirija al pueblo llano, no a expertos en finanzas  e interacciones internacionales, explique simplemente las medidas que habrá de tomar su gobierno. Tal vez mediante un Decreto Regulador, Modificador, Transformador y Contundente. Fernández es excepcionalmente inteligente, cauto y controlado.

Se intuye, por el reciente discurso presidencial, que él quiere estrechar la brecha, inmensa, que hoy separa a los millonarios de quienes no tienen qué comer, ni medios para adquirir costosos medicamentos de última generación recetados por algunos médicos que equivocaron su carrera y se emplean, a tiempo completo,  a negociar con laboratorios y doctores colaboradores, sin compadecerse de las estrecheces de sus “pacientes” que carecen de recursos y sin atender a la realidad de que las Boticas Populares, tan eficaces y encomiables, no pueden disponer de medicamentos de alto costo que en cierto número de casos pueden ser sustituidos por otros más baratos, accesibles y que han sido largamente probados.

Dicen que el que quiere “moño bonito” que aguante jalones.

Esa parece ser la argumentación de algunos galenos que se ríen del Juramento Hipocrático que dignifica su profesión. Hipócrates, el médico griego más importante del mundo antiguo, universalmente considerado como el fundador de la medicina científica, muerto en el siglo cuarto de nuestra Era Cristiana, pervive en un juramento solemne y hermoso, al cual poco caso –o ninguno- se le hace.

Si no es a la fuerza.

He tenido la fortuna de topar con médicos maravillosos, sabios y humanitarios, y sé que aún los hay.

Pruebas me sobran.

Volviendo al inicio de estas líneas, le pido al presidente Fernández que se aferre a sus criterios, a lo que uno intuye que él quiere hacer. Que es mucho y bueno, aunque uno quiere que él coincida con todas nuestras prioridades, y eso no es posible.

En cierta ocasión, en su residencia puertorriqueña  de Isla Verde, el eminente don Pablo Casals, escuchando mi interpretación de una Partitura de Bach para violín solo, me detuvo increpándome con las siguientes palabras inolvidables:

“Usted tiene muy buenas ideas, no les tenga miedo…respételas y obedézcalas”.

Traspaso al Señor Presidente tan ilustre consejo.