Espiral de violencia

UBI RIVAS
El país observa con asombro y censura la espiral de violencia que le flagela y que parece no existe voluntad para que amaine en las autoridades pertinentes e idóneas para acorralarla, es decir, la Policía Nacional y en la instancia más alta de poder, el presidente de la República.

Listín Diario del 04, en su página 12 A, expone un primor de este caso, uno de los retos más tremendos que siempre ha sido constancia en todos los gobiernos y que ninguno ha asumido en su real trascendencia desde el 20-05-61, donde el irrespeto empezó a enseñorearse de esta sociedad atribulada e indefensa.

Un total de 1,259 crímenes se han producido en tan sólo los primeros seis meses del presente año, y barriadas enteras son dramatizadas por los crímenes que perpetran bandas al parecer intocables.

Barriadas, expone Listín Diario, como Los Guandules, Villa María, Villa Francisca, Cristo Rey, Loma del Chivo, 27 de Febrero, Capotillo, Gualey, Las Cañitas, María Auxiliadora y Villa María, donde convalece de una bala perdida la niña de nueve años Vielka Colón, recién dada de alta recuperándose milagrosamente de la tragedia que por poco le cuesta la vida y de lo cual aún no está a salvo.

También El Coctelero de ese día dedica todo su espacio a tratar la violencia que estremece al país haciendo un recuento histórico de las fallas que han interactuado para que la Policía no sea lo eficiente que las circunstancias y la ciudadanía exigen.

Podría atribuirse la escalada de violencia citada en el hecho de que los policías están “dados al pescado” por la incumplida promesa de subirles sus salarios, una miseria actual de menos de tres mil pesos mensuales que no sirven o no dan “ni para empezar”, considerando que preparar tres comidas diarias a una familia promedio de cinco individuos cuenta “300 exprimidos”. Falta el transporte, glp, una que otra medicina infaltable en un hogar, energía eléctrica, descontándose el robo, renta vivienda. Realmente, “no dan”.

Faltas de recursos económicos, equipos modernos, seguros médicos adecuados, seguros de vida, son algunos de los elementos que conspiran para inestabilizar a la Policía, que se complementan con la cada vez más acentuada depuración y profesionalización de lo que el eficiente relacionador público general Simón Díaz denomina “el cuerpo del orden”.

Es decir, hasta que no se condicione todo el andamiaje protector a la Policía, es injusto exigirle una acción eficaz para atajar la ola de violencia que azota al país, y eso no es cuestión de un jefe policial bueno o malo, duro o blandito con el crimen y los antisociales.

La Policía inclusive carece de unidades móviles en la cantidad que requiere la ciudadanía para el patrullaje las 24 horas y muchos ni gasolina tienen y la procuran en dávidas a empresarios de las áreas donde prestan sus servicios. ¿O no es así?

Una Policía mendigando combustibles es jalda arriba que realmente pueda ofrecer un servicio de vigilancia eficiente, con los tábanos de las urgencias más sentidas sumándoles en la mente.

Es decir, que el presidente Leonel Fernández debe añadir recursos suficientes a la Policía como uno de los retos que tiene por delante no solamente el país, sino su gobierno, atendiendo que formuló el 03 del presente mes de julio como los tres principales institucionalizar el país, lograr el desarrollo económico y establecer un régimen de equidad social.

Sin una Policía eficiente, no habrá orden, ni respeto, ni garantía a las inversiones, en un momento estelar compulsado por la reciente aprobación por el Senado US del CAFTA-RD. ¿Se entiende o no?