Esquivando inflación los venezolanos pagan gasolina con tabaco

En esta imagen del 8 de octubre de 2019, el dependiente de gasolinera Orlando Godoy recibe un paquete de harina de maíz como pago tras llenar el depósito de un conductor, que cuesta una fracción diminuta de un centavo estadounidense, en San Antonio de los Altos, a las afueras de Caracas, Venezuela. La economía está tan hundida que los conductores pagan ahora con algo de comida, una chocolatina o un cigarrillo. (AP Foto/Ariana Cubillos)
En esta imagen del 8 de octubre de 2019, el dependiente de gasolinera Orlando Godoy recibe un paquete de harina de maíz como pago tras llenar el depósito de un conductor, que cuesta una fracción diminuta de un centavo estadounidense, en San Antonio de los Altos, a las afueras de Caracas, Venezuela. La economía está tan hundida que los conductores pagan ahora con algo de comida, una chocolatina o un cigarrillo. (AP Foto/Ariana Cubillos)

Los conductores en la Venezuela socialista disfrutan desde hace tiempo de la gasolina más barata del mundo, con unos subsidios tan fuertes al combustible que llenar el depósito cuesta ahora una pequeña fracción de un centavo estadounidense. Sin embargo, la economía está tan hundida que los conductores han empezado a pagar en las gasolineras con algo de comida, dulces o simplemente un cigarrillo.
Los trueques en los surtidores se han extendido después de que la hiperinflación haya hecho los billetes de la moneda venezolana, el bolívar, difícil de encontrar, y reducido tanto el valor de algunos billetes pequeños que nadie los acepta.
Sin efectivo en la cartera, los conductores a menudo entregan a los dependientes de gasolineras un paquete de arroz, aceite de cocina o lo que puedan conseguir. “Tienes un intercambio con un cigarro”, dijo Orlando Molina, que llenaba el depósito de su auto Ford Ka en Caracas. “Lo puedes dar aquí, pasa sin ningún costo ni nada. Para nadie es un secreto, pues”.
La gasolina es tan barata que los dependientes ni siquiera saben el precio. A algunos conductores sin dinero se les deja irse sin pagar.
El sistema de intercambios, aunque pueda ser envidiado por conductores sin efectivo fuera del país, es otro síntoma del caos en Venezuela.
El país suramericano, de unos 30 millones de personas, está sumido en una creciente crisis política y económica. La gente vive con la molesta sensación de que cualquier cosa, desde protestas violentas en las calles a un gran apagón, puede arrojar sus vidas al caos en cualquier momento.