Estadísticas en cuestionamiento

Estadísticas en cuestionamiento

Incurrir en pronunciados retrasos en la recolección de datos llevando a temer un subregistro sobre el curso de la pandemia es falla epidemiológica pendiente de correctivos. Las autoridades admiten que ocurre y lo lamentan dando a entender, por lo mucho que se tardan en actualizar sus boletines, que les resulta difícil la tarea.

Esto, ahora que la bolita del mundo es una aldea, que las comunicaciones instantáneas son el pan nuestro de cada día y que ningún punto del territorio nacional está lejos en este país abundantemente dotado de enlaces electrónicos portables y reconocido por su buena dotación de vías troncales aunque a algunas les falten mantenimiento y buena señalización.

La muerte es impactante en cualquier paraje que parezca remoto y su acaecer, aun fuera de hospitales, no debe pasar desapercibido.

Atribuir causas, con inteligente observación de síntomas, vale para útiles diagnósticos precoces de sentido práctico.

La precisión científica puede buscarse después. Se carece, injustificadamente, de mediciones sanitarias independientes, como en otras partes, en las que estructuras académicas desvinculadas de gobiernos asumen la tarea de obtener números fiables y divulgarlos sobre el paso arrollador de virus, de los que debe tenerse plena conciencia con reportes instantáneos.

Por su propagación incontenible, se debe reaccionar con rapidez al SARS-CoV-2. Así procede científicamente.

Los ataúdes de la serie 23

La versatilidad de los operarios dominicanos de zonas francas se confirma cada vez. En uno de esos parques de uso intensivo de la mano de obra y multiplicadores del empleo, emerge la dimensión internacional de una competente artesanía al servicio de las honras finales a seres queridos.

En San Pedro de Macorís tiene nido de excelencia la fabricación de sarcófagos. Exportamos un digno tratamiento a los difuntos que los deudos de otros lugares reciben encomiásticamente.

De la vulgar exportación en grande de azúcar desde la ciudad que en sus comienzos llamaban Mosquitisol y que llegó a vivir una llamada «danza de los millones» por lo abundante de sus producciones, se ha pasado a confecciones de detalles excepcionales. Reverentes ataúdes para las indefectibles partidas de este mundo.