Estado promotor

PEDRO GIL ITURBIDES
Cuando las autoridades del Gobierno Dominicano dispusieron el gracioso traspaso de propiedades de la antigua Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), actuaron como Estado promotor. Muchos disentimos del paso dado, y escribimos presagiando cuanto habría de acontecer. Y ha ocurrido. Pero a lo hecho, pecho. Cedida o compartida la propiedad, la producción de energía eléctrica a partir de sistemas convencionales debe ser obra del capital privado. Criollo o extranjero.

El Gobierno Dominicano debe reasumir su papel de Estado promotor, aunque no hubiere sido ésa la causa de aquellas disposiciones por las que “capitalizaron” la CDE. La clave del Estado promotor se sintetiza en el proceso de crear y traspasar. ¿Qué está obligado a crear ahora? Directrices, y con ellas, políticas y acciones destinadas a la generación eléctrica no convencional, y, eventualmente, recursos de apoyo. ¿Qué debe traspasar? Las tecnologías, los recursos humanos preparados -criollos o extranjeros-, las iniciativas, o los negocios de la energía no convencional.

Pero todo cuanto huela a producción convencional de energía debe ser obra de la acción privada, conforme las políticas ya establecidas. Salvo, por supuesto, que ésta se haga remisa y, con ello, atente contra la seguridad nacional. Mas no es el caso en nuestros días. En el país hay suficiente capacidad instalada para satisfacer los requerimientos del consumidor. Lo que no hay es el dinero, ni de éste para cubrir lo que se le provee, ni de aquél para adquirir el combustible que mueva las plantas.

De ahí que se lea con frecuencia que los actuales detentadores de aquello que fue de la CDE paralizan la producción porque las distribuidoras no les pagan. Y las distribuidoras no les pagan porque carecen de los recursos para hacerlo. En el tira y hala, aún acalladas las voces por estos reclamos, llega la suspensión del servicio, en unos sectores por mayor tiempo que en otros, pero en todas partes como resultado de esta deficiencia de recursos.

Nada hay nuevo bajo el sol. Porque esos mismos recursos que ahora deben otorgarse como “subsidio del gasto social” para cubrir la energía consumida por sectores desposeídos son los que a regañadientes se entregaban a la CDE. A ésta, al igual que a las distribuidoras, faltaba esa diferencia entre la energía consumida, servida y pagable. Y el Estado benefactor tenía que buscar estos dineros, como tiene que proveerlos hoy.

Pero, ¿si el Estado benefactor no tiene para cubrir las erogaciones habituales de esa diferencia, y ello genera apagones, cómo explicar que pague por adelantado una luz que no alumbrará sino en cinco o seis años? ¡Absurdo! Y mucho más absurdo, como se ha planteado ya, es que desdiciéndose el Gobierno Dominicano de políticas asumidas ayer, realice inversiones en la producción de energía de fuentes convencionales.

Inversiones que debe continuar el Estado Dominicano son las de los recursos hidroeléctricos. Las presas pequeñas y grandes no solamente proveen energía barata. Obligan, en cierta medida, a rescatar una Naturaleza a la que hemos explotado inmisericordemente a lo largo de más de tres siglos. Y nos induce a repoblarla de árboles, y restablecer los hierbajos y rescatar los suelos erosionados, y, en algunos casos, perdidos. Esta es labor que debe continuarse.

Otras inversiones en las que debe pensarse, son aquellas que conviertan en energía una forma de biomasa que hoy resulta pestilente y bochornosa, a la que llamamos basura. Desconozco el potencial energético del país a partir de esta forma de biomasa. Pero si en vez de sufrirla la convertimos en un recurso económico y factor de producción, podremos sentirnos satisfechos. Y en esta labor debe actuar un Estado promotor mediante disposiciones gubernativas, que se vuelvan incentivos, reglamentaciones, recursos financieros y otras modalidades.

Pero no es el de la explotación de esa forma de biomasa el único camino abierto a un Estado promotor. Otras formas de biomasa que pueden volver explotables en forma sostenible suelos de vocación forestal abandonados, esperan iniciativas inteligentes. De igual modo, ante nosotros se encuentra un sol abrasador, que ya por sus rayos inclementes y a la vez salutíferos, ya por su calor, puede y debe ser aprovechable. En menor medida, el aire. El desarrollo de generadores eólicos que funcionan con vientos suaves, es otra área en la que debe hacerse presente el Estado promotor.

Camino que no debía intentarse, por vergüenza, para decirse coherentes quienes manejan el gobierno nacional, lo es el de la energía convencional. La incursión pública en este negocio reniega los pasos que dieron hace pocos años, con la CDE.