¿Estamos ya en los últimos tiempos?

Existe una crisis mundial, jamás pensada.  Fuertes economías están siendo conmovidas y no se vislumbra una salida. Es la opinión de muchos  que se acerca el  fin de los tiempos. Lo cierto es  que el favor del Señor sobre la humanidad está a punto de prescribir. Muy pronto se producirá el cumplimiento final de la profecía dada por Dios a Daniel, que habla de la existencia de setenta semanas en la tierra, considerando cada día como un año.

Estos cuatrocientos noventa años, se iniciarían desde la promulgación del decreto de reconstruir Jerusalén y se detendrían  después de la muerte y resurrección de Jesús,  y así aconteció.

A partir de este momento, se  inicia el período de gracia, donde el Señor prepara Su iglesia, porque Él mismo descenderá del cielo y los muertos en Cristo se levantarán, los que estemos vivos seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor.

No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles.

Esta será una muestra más de cómo Dios libra de la destrucción, a  quienes le han entregado su corazón; lo hizo con Noé, protegiéndolo del diluvio, con Lot cuando terminó con  Sodoma.

Después de este hecho, se activa de nuevo la profecía y se desarrolla el gobierno del anticristo, el cual se opone y se levanta contra todo conocimiento de  Dios.

El gobierno del anticristo se iniciará  mediante pacto con muchos, por una semana, es decir, siete años, pero a la mitad de la semana, el acuerdo se romperá, terminando con la paz y produciéndose  la gran tribulación: los hombres se matarán unos con otros, habrá hambre, enfermedades, pestilencias, fenómenos atmosféricos inimaginables, las aguas se convertirán en sangre, volviéndose  amargas, la mitad de la tierra será quemada.

Ciento cuarenta y cuatro mil judíos permanecerán en la tierra, con la única misión de predicar la posibilidad, todavía en este tiempo,  de salvar sus almas, si aceptan a Jesús como único salvador de sus vidas. Los habitantes del mundo serán obligados a marcarse con un sello, en la frente o en las manos, para poder  realizar todo tipo de actividades. Si lo hacen, habrán decidido por la eternidad sin Dios.

Al terminar los siete años, descenderá Jesús, acompañado de la iglesia y con justicia juzgará. Esta es la segunda venida del Señor.

Él, junto a su pueblo, gobernará las naciones, por mil años,  luego, vendrá el fin de esta tierra y  entonces veremos un cielo nuevo,  una tierra nueva y a la ciudad santa, Jerusalén.

Aquí Dios mismo enjugará toda lágrima, no habrá más muerte ni más dolor, porque las primeras cosas habrán pasado. “Ciertamente, tal como lo había pensado, así ha sucedido; tal como lo había planeado, así se cumplirá, dijo el Señor.”