Estampas del ayer

Es que hojeando nuevamente la Guía y Directorio General de la República Dominicana preparada por Enrique Deschamps, publicada originalmente en 1907 y reeditada por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos en 1974, he tropezado con un anuncio del “Licenciado Heriberto Pieter, médico-cirujano” mediante el cual ofrece sus servicios profesionales, “gratis para los pobres”.

Así lo anunciaba y así lo hacía. Mucho después, afirmado y respetado en su calidad de Doctor graduado en el reverenciado París, habría de mantener invariable su sentido humanitario, sólo que ya lo condicionaba a disciplinas que más que francesas, lucían inglesas o germánicas.

¿Se parece en algo a la inhumanidad que exhiben ciertos médicos en el Darío Contreras, según publica este periódico en la página 7-A del 15 de este mes?

En su amplia sala en un piso alto de la calle Mercedes, en la entonces Ciudad Trujillo, observé que tenía relojes imponentes con la hora de Berlín, de Londres, de Nueva York…de París, naturalmente.

Aquella sala, como aquel exquisito salón de la pianista –mestiza de alemana y cubano- Manuela Jiménez, donde impartía lecciones desde un solemne sillón y presentaba formales recitales de sus alumnos, era un espacio europeo. Refinadísimo, majestuoso e imponente.

Debo confesar que, a menudo, al salir de aquellos espacios ordenados, respetuosos y lógicos, al encontrar el panorama de nuestros desórdenes moderados (recordemos que se trataba de la Era de Trujillo) me sentía desconcertado y me tomaba cierto tiempo aceptar con naturalidad las blanduras nacionales que han crecido notablemente cuando salimos de la dictadura para ingresar en una incomprensión de lo que es y requiere la democracia.

Yo no espero saltos conductuales en nuestra nación.

Ni los deseo.

La naturaleza, en toda su extensión, no salta. Se ha atribuido al científico y matemático alemán Leibnitz (s. 17 y 18) un concepto que fue axiomático mucho antes de su tiempo: “Natura in operationibus non fecit saltus”. Que es afirmación de lo mismo: La naturaleza no se mueve por saltos.

Yo veía y vivía la impecabilidad funcional alemana del doctor Pieter y de doña Manuela Jiménez y, no pocas veces llegué a sentir cierto ruboroso avergonzamiento ante la comprobación de flojeras y laxitudes nacionales. Empeñado en encontrar explicaciones válidas para nuestra conducta, dediqué tiempo a estudiar la trayectoria histórica de Alemania y de los países “civilizados”. Entonces me encontré con los bárbaros del Norte y su disciplina impiadosa, inelástica e inhumana, porque la vida no es así: tiene invierno al igual que verano y primavera como tiene otoño.

Caí en cuenta de que la rigidez, la inmovilidad, ese militarismo conductual, cuando no obedece a bien pensados propósitos bélicos, no es superior, en valor humano, a las flexibilidades y los acomodamientos. Pero todos los excesos son malos. En el caso del doctor Pieter, la disciplina y la comprensión y acción a favor de los necesitados, constituían fuerzas parejas e interaccionantes.

Estamos en un tiempo en el cual esa actitud del doctor Pieter debe ser aplicada, condensada en una receta:

Disciplina férrea y humanismo activo.