¿Están los haitianos empobreciendo a los trabajadores dominicanos?

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La creciente y ostensible presencia de la población haitiana,  que es un hecho que puede ser verificado cotidianamente, viene suscitando, cada vez más, opiniones enfrentadas.

Empero, el tema se debate esencialmente desde la perspectiva legal, la cual es una de las importantes vertientes que se derivan de este asunto. Sin embargo, los aspectos socioeconómicos implicados en la masiva participación de los haitianos en la economía nacional, apenas son discutidos.

A este respecto se destaca el comportamiento de los salarios reales que reciben los trabajadores dominicanos, los cuales disminuyen,  a pesar de la rápida expansión de la economía durante los últimos años. Se trata de un resultado extraño que se hace más evidente al compararlo internacionalmente. 

Del cuadro adjunto se colige que dentro de los once países latinoamericanos seleccionados, el nuestro registra, por mucho, el mayor crecimiento del ingreso per cápita  y, a la vez,  paradójicamente, el salario real promedio presenta una significativa caída, aún en comparación  con los otros tres países que acusan una disminución  en el poder adquisitivo del salario nominal promedio.

Es sensato esperar que en condiciones de normalidad, un rápido crecimiento del ingreso por un período relativamente largo, resulte en algún mejoramiento del salario promedio real.

A este respecto debe decirse que en el sector agrícola, donde la presencia haitiana es abrumadora, los datos revelan una situación alarmante y dramática. El salario real de los campesinos empleados en el campo, se ha reducido a la mitad, desde el 1994  al 2007. Se trata, sin dudas, de una clase social que se viene hundiendo cada vez más en su propia miseria.

Unos resultados tan inesperados requieren  de algún tipo de explicación.

A este respecto se puede afirmar que parte de la repuesta a este asunto la debemos buscar en el hecho de que, a medida que pasa el tiempo, se observa una mayor participación de los haitianos en el mercado laboral informal  y que  inclusive, hasta en los sectores formales, se aprecia su avance.

Partiendo de lo anterior, las cosas son claras. No son necesarios rebuscados y complicados análisis económicos. Desde las primeras civilizaciones humanas se sabía que todo lo que abunda pierde valor. Es decir, la creciente oferta de mano de obra haitiana viene deprimiendo los salarios en términos reales de las clases más pobres del país. Se trata de un drama que se perfila con  inquietantes perspectivas.   

A los humildes, pacíficos y laboriosos contingentes de ciudadanos haitianos que vienen penetrando el territorio nacional, no se les puede culpar de nada.

La incapacidad institucional de la nación es la culpable. La ineficiencia en el manejo de los organismo del estado, resultado de la amoralidad social y  la laxitud en la aplicación de las leyes, son las responsables del desorden imperante. No somos capaces de aplicar normas regulatorias para la absorción de la mano de obra haitiana en forma ordenada y no traumática, ni  de aplicar mecanismos justos y humanitarios de repatriación.

Estamos obligados a ayudar a nuestros hermanos haitianos, pero resulta un despropósito hacerlo a expensas de nuestro propio empobrecimiento y en beneficio de algunos sectores empresariales. 

No sería muy temerario anticipar que, de continuar así las cosas, se complicará aún más la situación y las soluciones se harán más difíciles. Ya se Advierten signos de que el proceso puede derivar hacia circunstancias dramáticas, complejas y penosas.

Un ingreso que va en picada

En el cuadro se presentan las variaciones porcentuales del crecimiento del ingreso per cápita y del salario promedio real de un conjunto de países latinoamericanos.  Se aprecia que en cuanto al crecimiento del ingreso per cápita, la República Dominicana supera, notablemente, al resto de las otras economías. Sin embargo, paradójicamente, dentro del grupo de estos países, el salario promedio real dominicano registra la mayor disminución. Aún los resultados peruanos, que son los que más se asemejan a los dominicanos, no son tan contrastantes como los nuestros.  De hecho, el salario real del Perú se deterioró al final del siglo pasado, pero, ya en la presente década, se observa una recuperación de los niveles anteriores.

NOTA. El cuadro se elaboró en base a la publicación de CEPAL (CEPAL, CEPALSTAT, Estadísticas de América Latina y el Caribe) que presenta una serie histórica del salario promedio real, que sólo incluye a los diez países que aparecen en el cuadro. Para la República se tomaron datos del Banco Central sobre el salario promedio nominal y se deflactó por el Índice de Precios al Consumidor publicado por esa institución. Las tasas de crecimiento del ingreso per cápita de todos los países incluidos en el cuadro, se tomaron del World Development Indicators del Banco Mundial.

Por último, debe puntualizarse que se parte del año 1994 debido a que en ese año, se inicia un periodo de crecimiento del ingreso per cápita dominicano.