Esthervina M.: Catedrática y poeta

Calle Esthervina Matos, en La Castellana. Hoy/ Napoleón Marte
Calle Esthervina Matos, en La Castellana. Hoy/ Napoleón Marte

En sus últimos años estuvo prácticamente sola y olvidada, sin embargo, su vida fue tan productiva y útil que sus acciones y aportes la hicieron merecedora del que es tal vez el primer reconocimiento que recibe tras su muerte: la designación de una calle con su nombre.
Además de haber sido filósofa, escritora, ensayista, crítica literaria, poeta, educadora, humanista, políglota, Esthervina Matos fue una iluminada, de gran elevación espiritual, dedicada a consolar almas afligidas, desesperadas, embargadas por la soledad y la angustia, aunque ella misma vivió aislada, alejada de ruidos sociales y voces necias.
Pasó a la eternidad en época reciente, pero pocos sabían que seguía cultivando sus rosas y violetas, adentrada en la lectura y la comprensión de la “Imitación de Cristo”, de Tomás Kempis, su libro de cabecera, quizá ensimismada en buscar tiempo para estar con ella, pensando “en los beneficios de Dios”.
Probablemente su última aparición pública fue la entrevista que concedió a Carmen Imbert Brugal en los inicios del programa “Jornada Extra”, con la que se entusiasmó tanto que hasta interpretó una canción. Ylonka Nacidit, a quien la intelectual confió su legado en custodia, y que compartió con ella hasta sus últimos días, refiere que “en su juventud, con su padre adoptivo, Esthervina se deleitaba con óperas italianas. Ella quería ser soprano, y de ahí su anhelo de viajar a Italia”.
Matos dio a conocer el país a principios del siglo pasado no solo porque publicaba sus producciones en revistas literarias del mundo y por sus relaciones con destacados escritores internacionales sino porque muchos de sus textos, como “La fiesta de la Canción de las Américas”, fueron musicalizados. Este lo interpretó en 1952 la soprano argentina Regina Taddia, así como su poema “Anhelo”, con música del maestro Francisco Xavier. Perteneció, además, a centros filosóficos de Uruguay, Buenos Aires, Italia, entre otros.
Fue profesora-fundadora de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) de la que la nombraron luego Profesora Emérita, Asesora Vitalicia y Escritora Residente. Allí impartía las asignaturas Historia del arte y la cultura, Sociología, Filosofía del derecho, Teoría literaria, Literatura dominicana, Literatura hispanoamericana, historia universal, Historia contemporánea.
Ylonka Nacidit escribió que Esthervina se graduó de licenciada en filosofía en 1951 y en 1955 de Doctora en esa rama y que en 1958 “obtuvo su título de Doctora en derecho” y que se especializó en Derecho y Política Internacional en la Universitá Internazionale Degli Studi Sociali, en Roma, en 1959, donde fue discípula del eminente criminalista doctor Giorgio Del Veccio.
Tanto en los valiosos y amplios datos de Ylonka como en las reseñas de su muerte, se dice que Esthervina nació en San Pedro de Macorís, pero el reputado historiador Vetilio Alfau Durán anotó que fue en Higüey, el 27 de abril de 1913. Probablemente la llevaron a Macorís pequeña, porque es raro que el acreditado cronista, tan meticuloso y confiable en sus datos, se equivocara. Pero, los informes de Ylonka provienen de la propia biografiada.
Esthervina fue la tercera mujer en el mundo, asegura Ylonka, en ser nombrada catedrática de filosofía del derecho. Ingresó como tal a la Universidad de Santo Domingo en 1962, por concurso de oposición.
Dice que “sus alumnos la definían como un manantial de sabiduría y conocimiento”.
Muchos discípulos la recordarán, además, porque debieron estudiar sus “Estudios de la literatura dominicana”, que fue libro de texto en el país y de consulta para el bachillerato del Instituto Cultural de Occidente, de Mazatlán, México.
La insigne erudita hablaba italiano, francés, portugués, inglés, español y ruso.
En las imágenes suyas que Carmen Imbert presentó en televisión, lucía delgada, de elevada estatura, natural, espontánea y ya un poco golpeada por los años. Pero las fotos de periódicos y revistas de su juventud, así como las que entregó a Ylonka, presentan una agraciada mulata de cabello rizo, elegante en el vestir, de vivaz sonrisa.

Primeros años. Esthervina María Luisa (según la nombra Alfau Durán), nació en la fecha citada, que coincide con la que ofrece Nacidit, pero ésta escribe que fue en la calle Anacaona Moscoso número 8 de San Pedro de Macorís. De su vida en esa ciudad es escasa la información. Nacidit anotó que allí “tuvo una relación amorosa, que terminó en desengaño,” con un joven perteneciente a reputada familia de esa localidad.
En su lecho de enferma grave,Ylonka le preguntó qué biografía de ella quería que le escribiera y la moribunda contestó: “Solo dices que “Eran sus padres Pedro Matos y Michela (Alfau apuntó Micaela) Pérez de Matos. Fue criada y formada en el hogar del agrimensor don Antonio Carbuccia Andrade Abreu y su esposa doña Gertrudis Abreu de Carbuccia, su hijo Raúl A. Carbuccia y la señorita Aimée (su madrina)”.
Fue miembro del Ateneo Dominicano y de la Sociedad Cultural y Católica Ábside.
En Santo Domingo vivió en las calles Santiago, en una casa que Carbuccia le construyó “con arcos de ladrillo”, y en la Cayetano Germosén 220, del ensanche Atala.
Recibió diversos galardones por sus labores literarias, educativas, sociales, feministas.
Dio a conocer sus primeros trabajos en prosa y verso en “El Este”, de San Pedro de Macorís, y en la revista cubana Vanidades. En 1940 obtuvo el primer premio y diploma de honor en los Juegos Florales Nacionales del Ateneo de Macorís con la composición titulada “La inocencia” y en Ábside obtuvo “dos laudos de poesía por sus poemas “La Encarnación del Verbo” y “A Jesús Sacramento”.
Publicó también Rapsodia épica, Silogismo, estudios analíticos, El genio de Beethoven y su música inmortal, Sócrates y Jesús…
Falleció en Santo Domingo el seis de julio de 1999. Ylonka afirma que “su existencia en la tierra fue una vida conventual, de espléndida iluminación, entregando su pensamiento a dejarse visitar por los ángeles…”.