Esto preocupa

Según lo que ocurre, todo indica que las autoridades deberían estar lo suficientemente preocupadas por la creciente inmigración haitiana en el país.

Este diario, en fecha 22 de este mes, publica en su página 8E que en sólo seis meses nacieron en el país 337 niños haitianos en tres hospitales del Sur.

La información da cuenta de que en la zona es cada vez más creciente el número de inmigrantes negros, quienes generan quejas entre los dominicanos por el desplazamiento que hacen a la mano de obra local.

El haitiano va permeando progresivamente el componente social dominicano. Este inmigrante está en las construcciones, en los negocios informales, en las casas de familias, en las calles pidiendo, entre otros renglones. 

Son muchos los elementos que estimulan esta inmigración. Los haitianos huyen de su país impulsados por el hambre y una miseria ancestral incontrolable.

Los políticos allí combinan su incapacidad con un afán por depredar lo que produce el Estado.

 Se carece de iniciativas de cambios y de una visión que conjure una de las mayores pobrezas del mundo. El clima de inseguridad y la infuncionalidad institucional espantan la inversión extranjera.

Esto se contrapone con una República Dominicana de economía pujante y donde existen mejores condiciones de vida. La presión que genera el hambre hace que se ejecute toda clase de inventiva para cruzar a esta tierra, sin importar los desafíos.  

Se trata de una presión para la que se requiere de una posición firme, decidida y bien planificada por parte de las autoridades y del Gobierno.

Es evidente que han progresado en el intento de penetración al país. Y de no actuar nosotros, el próximo paso será granjearse el status necesario para lograr influencia considerable en las decisiones políticas de la nación.