“Estoicos, Morrobeles y Descendientes de Fouché”

El ejercicio de la política vernácula en República Dominicana se encuentra matizado por una serie de elementos que en la praxis nos hacen ver como si estuviéramos atrapados en el mesolítico; toda vez que, ya hasta tenemos tecnología de última generación en los procesos electorales viviendo en franca simbiosis con actores políticos del pleistoceno. Con millones de electores haciéndole honor a la oclocracia bajo la premisa de un sufragio clientelar, con unos poderes fácticos dispuestos a servirles de preservativos a cualquiera que pueda lactar desde la México con Delgado y, una prensa mediática que necesita ser vacunada con urgencia.

Los Estoicos.

Nadie puede negar que los filósofos griegos son todavía al día de hoy figuras legendarias. Sin embargo, dentro de esas escuelas y figuras tomaron especial distinción los llamados estoicos cuyo máximo líder y fundador fue Zenón de Citio en el año 301 a. C. Los estoicos encontraron su mayor esplendor en el periodo helenístico adquiriendo gran popularidad por todo el mundo grecorromano debido a tres elementos fundamentales. 1ro, porque fueron positivistas en la forma de ver el mundo. 2do, porque tuvieron entre sus líderes a Marco Tulio Cicerón sindicado por muchos como el más grande orador de todos los tiempos y 3ro, por llevarles la contraria a todo el mundo.

En ese sentido, dicha escuela no solo alcanzó la fama por tener como representantes a figuras de la estirpe de Epicteto, Séneca y Marco Aurelio; sino, por haberse convertido en los más grandes argumentadores del debate de las ideas. Al parecer, esos vestigios llegaron y arroparon a una gran parte del liderazgo político del país y de los actores con incidencia; que en gran medida solo aportan la discusión, las diatribas y la negatividad. Viven en un resentimiento perpetuo expresado consuetudinariamente bajo la lógica de “abajo el que suba”. No están conformes ni siquiera con el reflejo de sus espejos, pero no aportan al país ni una aspirina.

Los Morrobeles.

Así como el dominicano tiene la osadía cotidiana de hablar y discutir de todo lo que no sabe, además lleva en su sangre el complejo de guacanagarix con brotes de mediocridad. Por eso, nadie ha reconocido que la genial sátira política que encarnó el artista más atiborrado del país Don Freddy BerasGoico quizás hasta pueda estar al mismo nivel de los chanchos que popularizaron Chaplin, Cantinflas y el Chavo. En efecto, ese personaje pragmático y pintoresco conocido como “Don MelecioMorrobel” quien ponía de manifiesto de manera pública y honesta como él mismo decía; sus apetencias desmedidas por el poder y la corrupción.

Dentro de ese contexto, ese personaje que ayer casi nos hacía orinar de la risa hoy nos genera deseos de defecar, al ver a tantos políticos de todos los partidos actuando así y sin que a nadie le genere risas. En virtud de ello, da asco y resulta displicente ver que la lucha entre actores solo es por el poder y no por el país ni por el pueblo. La nómina es su norte, el presupuesto su aspiración, las contratas el postre de sus comidas y las lisonjas de los tiralevitas su inspiración. Empero, olvidan lo que dijo Shakespeare que “quien se eleva demasiado cerca del sol con alas de oro las funde”.

Descendientes de Fouché.

El 21 de mayo de 1759 nació en Francia a quien años más tarde su astucia, su genialidad, olfato y pragmatismo político lo llevaron a ser bautizado con el título del genio tenebroso. En tal sentido, no existe duda alguna que conjuntamente con Maurice de Talleyrand;Joseph Fouché fue no solo la figura política más influyente de su época sino, además, la máxima representación del trapecismo y la perspicacia política. A tal punto, que era capaz de ser en la mañana un ferviente y devoto liberal y en la noche un furibundo conservador o moderado. En esencia, a Fouché el único elemento que le daba motivación para vivir era el olor afrodisiaco del poder.

Desde esa perspectiva, parece ser que en República Dominicana el gran Duque de Otranto dejó muchos hijos regados. Los cuales, en su accionar destilan de manera inequívoca la putrefacción endógena de su cosmovisión. Con el agravante, de que Fouché deliraba por el poder mientras que aquí sus descendientes respiran a través de un ventilador artificial por el hedor de una nómina sin importar quien la firme. Ya en el país tenemos rémoras emblemáticas como Lila, Modesto, Quique, Matos Berrido, Sonia Mateo y muchos otros. Pero la política es así; se nutre de empresarios, de intelectuales, de gente común y también de caninos viralatas.