¿Estuviste ahí…?

La película La pasión de Cristo es el tema de conversación del momento, nuestra generación debe estar muy agradecida con Mel Gibson por haberse atrevido a utilizar el poder de los medios de comunicación masiva para atraer la atención de millones hacia el fruto del arte de la reflexión cristiana, el cual se ha convertido desafortunadamente en un arte perdido o extraño.

La película inicia con una antigua referencia (700 a.C.) tomada de Isaías 53.5: «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.» Este es el tema de la película y se nota de principio a fin. Después de esta cita, la película comienza a reconstruir los eventos de la pasión de nuestro Señor, desde el jardín de Getsemaní y termina en la resurrección. Se aprecian, además, algunos breves recuerdos cruciales para ver el significado del sacrificio de Cristo a la luz de sus propias enseñanzas.

A pesar de que sorprenderá a muchos, en cierto sentido, no hay nada nuevo en la historia. Es una porción de la narración de los evangelios que cualquier cristiano devoto, criado en la iglesia, ha recreado en su mente una y otra vez mientras reflexiona en ellos. Cuando celebra la Semana Santa aprovecha para revivir los distintos sucesos de la vida terrenal de nuestro Señor, y, especialmente, los que tienen que ver con las últimas horas antes de su sacrificio.

De hecho, esta es una película para un Viernes Santo. Por esa razón, es probable que sea mal interpretada por los que tienen una cultura que ha perdido la visión de la realidad y significado del Viernes Santo. De la misma manera que para celebrar Viernes Santo necesitamos una adecuada preparación, igualmente la necesitamos para ver esta película. No debiera verse sin esa preparación. Creo que este es el obstáculo más grande que la película podría enfrentar. Desafortunadamente puede ser que tome a millones de espectadores sin haberse preparado apropiadamente. La gente de hoy cada vez lee menos, y aquellos que lo hacen no reflexionan ni intelectual ni espiritualmente. Alto porcentaje de cristianos no escapa de esa realidad. El conocimiento de muchos cristianos concerniente a la narración del Evangelio es superficial e incompleto. Esto provocará que muchos espectadores lleguen al final de la película completamente conmocionados.

Me sorprendió que a las 5:30 p.m. del día siguiente al miércoles de ceniza, el cine estuviera abarrotado de un público poco común. Tuve la impresión de que la película había atraído a toda clase de personas, incluso aquellas que no habían ido al cine por años. También había muchas familias (con sus hijos), algunos de ellos, a mi criterio, estaban ahí como si fueran a asistir a una reunión de jóvenes un viernes por la noche o a un campamento de verano. Estaban listos con bolsas de rosetas de maíz y refrescos, mientras esperaban ansiosamente participar del santo entretenimiento cristiano.

No quedaría sorprendido si me dijeran que quedaron impactados o decepcionados. Esta no es una película de entretenimiento. Sé que todos los que estuvieron a mi alrededor lloraron conmigo; sin embargo, no tengo ni idea de alguna otra reacción a la película ya que la gente abandonó el cine con un silencio solemne. El contraste entre el antes y después fue claramente evidente. Al salir del cine, observé una nueva línea de personas que conversaban con su ración de rosetas y su vaso de refresco. Esperaban a que terminaran de limpiar la sala para así presenciar la próxima exhibición. Pude sentir el peso de su mirada que buscaba sin éxito algún comentario, pero la multitud salía inusualmente silenciosa del cine. Pensé: «Otro grupo de personas que no están preparadas».

Pero, ¿qué puede hacer uno? Solamente se darán cuenta de que no estaban listos, si, después de la película, deciden ir a un iglesia que entienda el valor de la reflexión cristiana y aprendan a leer el evangelio con ojos contemplativos. Entonces, comprenderán que toda esa brutalidad realmente está ahí en la narración de los evangelios. Sabrán que todo eso fue real, con gente de carne y hueso. Formarán parte de esa multitud incontable de cristianos que, a través de los tiempos, ya han estado ahí, sin necesidad de ver una película. Al igual que ellos, se darán cuenta de que existe más de lo que ya han visto o imaginado.

¿Estuviste ahí cuando crucificaron a mi Señor?» dice una y otra vez un himno afroamericano. Miguel Ángel, Rembrandt, J. S. Bach y muchos otros artistas han estado ahí. Nosotros también debemos ir ahí y presenciar el sufrimiento de Cristo.

Por esa razón, creo que debemos agradecer al Sr. Gibson por ayudar a nuestra generación poscristiana a experimentar, en primera fila, parte del fruto del arte perdido de la reflexión cristiana.