Etanol: Primera Conferencia Internacional

Recientemente hemos podido observar que los periódicos digitales Hoy y El Nacional han divulgado  noticias referentes a la problemática que enfrentan los biocombustibles. En nuestro país se están desplegando esfuerzos para promover la producción de etanol como una de las panaceas a nuestros males energéticos y, más particularmente sacarle provecho al acuerdo de libre comercio firmado con los Estados Unidos, promoviendo las exportaciones de dicho producto a ese mercado. Estos esfuerzos requieren de una inversión considerable y, por ende, se considera que atentan contra la seguridad alimenticia de la población.

Dentro de ese contexto, cabe señalar que durante los días 17 al 21 del presente mes de noviembre el gobierno de Brasil organizó en la ciudad de Sao Paulo la Primera Conferencia Internacional sobre los biocombustibles, como una forma de promover sus exportaciones. Debe destacarse asimismo que Brasil es el segundo productor mundial de etanol, el cual produce a precios bajos utilizando la caña de azúcar.

Uno de los objetivos de la ofensiva gubernamental brasileña se apoya en la promoción de la producción de agro-combustibles en el mercado internacional. El leit motiv es promover dichas exportaciones como energía ecológica renovable, es decir, medioambientalista y no como un producto primario agrícola. A la conferencia asistieron más de dos mil expertos y responsables de aplicar políticas públicas de una cuarentena de países y se utilizó dicho escenario no sólo para demostrar los méritos de esa energía renovable sino también para darle mayor legitimidad al Etanol.

Aunque los esfuerzos desplegados por Brasil han sido considerables, la crisis económica mundial actual unida a la baja de los precios del petróleo y a las perspectivas de un proceso deflacionario han disminuido el interés en la producción de los biocombustibles y en cierto sentido han reducido el peso específico al acuerdo firmado entre Brasilia y Washington en marzo del 2007.

Durante la conferencia se discutieron los temas relacionados con los biocombustibles y el desarrollo sostenible, la seguridad alimenticia y los desafíos para el ecosistema. Del mismo modo, los participantes expresaron su preocupación por la situación económica que atraviesa el mundo en la actualidad y al mismo tiempo se cuestionaron si frente a la crisis económica y a las perspectivas de un ciclo deflacionario, no era mejor revaluar las expectativas y en las mejores circunstancias dedicarse a construir un nuevo ciclo para justificar la producción de los biocombustibles en términos de costo beneficio, incluyendo su impacto en el medio ambiente y en la producción agrícola en general.

Al mismo tiempo, el sector privado brasileño expresó que para enfrentar los momentos que se perfilan difíciles se hace necesario el apoyo del gobierno,  ya que se ha programado una inversión del orden aproximado de US$30 miles de millones de dólares y se estima que la mayoría de los inversionistas no podrían sobrevivir la tormenta económica que se avecina y las posibilidades de un ciclo deflacionario. Esta preocupación se apoya en el hecho de que los estudios distribuidos en la conferencia estiman que el crecimiento de la producción de biocombustibles alcanzará un 191 por ciento durante el período 2008-2015, mientras que, según el Instituto Brasileno de Estudios del Espacio, las plantaciones de caña en el sur de Brasil ya han aumentado en un 15,7 por ciento.

Por otra parte, durante el transcurso de la conferencia, los representantes de los movimientos sociales del Brasil y otros países hicieron hincapié en que además de la crisis económica actual hay otros elementos que afectan la producción de etanol, y entre la lista lista negativa que presentaron sobre la caña de azúcar está el riesgo del monocultivo, las amenazas a la seguridad alimenticia a nivel mundial, la producción industrial de biocombustibles compitiendo con los suelos y el agua destinada a la agricultura en general, reduciendo la superficie cultivable de maíz, habichuelas, arroz, trigo, naranjas, café y algodón, entre otros.

Esto así ya que de acuerdo a los funcionarios de la FAO, las industrias azucareras tratan de obtener las mejores tierras. Al mismo tiempo, la producción de etanol inquieta a los ecologistas porque consideran que el costo humano es muy elevado para la producción de etanol, teniendo en cuenta que los cortadores de caña conocen la precariedad de un empleo en condiciones degradantes e inhumanas y, como lo denunció la iglesia católica brasilena, representa una esclavitud moderna que no sólo existe en el sector azucarero sino también en la producción de etanol.

En conclusión, en la conferencia hubo un cierto acuerdo en afirmar que la crisis ha demostrado que el ritmo de crecimiento del consumo de energía no es sostenible y que al mismo tiempo los países no pueden convertirse en graneros de biocombustibles para los consumidores europeos y de los Estados Unidos.