Eterna mistad: Bosch y Fidel

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-VIII-
Mientras permanecía en Europa, Juan Bosch fue invitado a visitar Cuba en dos ocasiones: La primera, a fines de noviembre de 1969, y la otra en marzo de 1970; ambas invitaciones fueron tramitadas a través del embajador de ese país en Francia.
Después de su regreso a Santo Domingo, el 17 de abril de 1970, se presentó otra oportunidad: fue llamado a principios de julio, desde La Habana, por el viceministro de Gobernación equivalente en la República Dominicana al Ministerio de Interior y Policía? para invitarlo a asistir a los actos del 26 de julio de ese año, en el 17º aniversario del asalto al Cuartel Moncada. (Bosch, Juan. De México a Kampuchea. Segunda edición, Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, R.D., 1995, pp. 40-41).
En todo ese tiempo, había el interés de contactar a Caamaño para hacerlo desistir de su propósito de venir a Santo Domingo a internarse en las montañas con un grupo guerrillero. Pero ya para entonces no había nada que hacer, pues como observó don Juan, el Coronel de Abril se había convertido en un apasionado “foquista”.
En 1971, Bosch llamó por teléfono a Fidel Castro para interceder por marinos dominicanos presos en Cuba, a lo que respondió positivamente el líder de la Revolución Cubana. Esa misma noche, Fidel anunció por la televisión la puesta en libertad de los marinos e informó que horas antes había hablado con Juan Bosch. ( Ibid., p. 41).
Luego de la fundación del Partido de la Liberación Dominicana, en diciembre de 1973, tras su renuncia del Partido Revolucionario Dominicano, Bosch realizó viajes a otros países de América Latina y Europa, a finales de 1974 y comienzos de 1975. Respondía así, a compromisos internacionales de tanta trascendencia, como su participación en el Tribunal Russel II, en Bruselas, Bélgica, como miembro de ese tribunal, para juzgar los crímenes, abusos y demás violaciones a los derechos humanos realizados por las dictaduras militares latinoamericanas de esos años.
Ese nuevo periplo incluyó Cuba, a donde regresaba el 23 de diciembre de 1974, luego de 16 años de haber salido de esa tierra, perseguido por la dictadura de Fulgencio Batista, el 4 de abril de 1958 rumbo a Caracas, Venezuela. Ahora, volvía a reencontrarse con la patria de José Martí, donde habían nacido doña Carmen Quidiello, ?su Eterna Eva?, su hijo Patricio, sus nietos Catalina y Matías Bosch Carcuro. La entrevista se llevó a cabo en la Casa de Protocolo No. 1, en El Laguito, La Habana. Narra así, sus impresiones de su encuentro con Fidel:
“Al mismo Fidel, con quien estuve en Cayo Confite cuando él tenía tal vez no más de 20 años, volví a verlo cuando ya tenía 47. Antes lo había visto sin barba y ahora tenía barba; antes era un joven revolucionario que se enroló con nosotros los dominicanos para venir a pelear contra la dictadura de Trujillo y ahora era el jefe del único gobierno socialista de América; antes era casi un desconocido y ahora es un personaje mundial. Pero ahora es un hombre dulce, tranquilo, preocupado por la suerte de nuestros pueblos como antes había sido un joven casi solitario, de voz baja y gestos lentos, que quería conocer a fondo el proceso revolucionario de los países de América. Ahora, como antes, la palabra déspota tenía para él un significado repugnante. ¿Te acuerdas de que fulano era despótico con sus hombres?’, me decía hablándome de uno de los jefes de Cayo Confites, el pequeño islote de la costa norte de Camagüey donde nos habíamos reunido varios cientos de hombres que nos preparábamos para caer en territorio dominicano.” (Ibid., pp. 40-41).
Y concluye su relato:
“La última noche que pasamos en La Habana, pasaditas las dos la mañana, cuando Fidel se despedía de nosotros, un joven que no había cumplido todavía los 29 años se adelantó y le dijo: ‘Comandante, yo quiero darle las gracias por lo que ha hecho por mi pueblo, que es Cuba, y por lo que está haciendo por Chile y lo que hace por América’. Fidel no podía imaginarse siquiera que 27 años antes, a principios de 1948, él había estado acariciando la cabeza de ese joven cuando era un niño de menos de dos años, pues quien habló así esa noche era Patricio, el hijo de doña Carmen y mío, cubano y revolucionario.” (Ibid. p. 42).