Euclides, magnicidios y el drama del poder

Bueno, es que si se habla de Euclides entre los dominicanos contemporáneos o cercanos a nuestro tiempo, se sabe que se trata de Euclides Gutiérrez Félix: Brillante y ameno expositor,   abogado, historiador que no se envuelve en eufemismos ante temas delicados (“sensitivos”, habría dicho Vincho Castillo), todo esto dentro de una importante labor como dirigente del PLD.

Singular caso.

Quienes disfrutamos escuchando o leyendo sus afilados pronunciamientos por prensa, radio o televisión, aplaudimos que plasme en libros sus investigaciones y conclusiones.

Al éxito de su obra, “Trujillo, monarca sin corona”,  de la cual se han reimpreso miles de ejemplares, se añade ahora “Los magnicidios dominicanos”  a la vez que otra obra: “Orígenes históricos y fundación del PLD.”

Obediente al espacio asignado, sólo podré referirme someramente a una de la obras, “Los magnicidios”.

He dicho y escrito muchas veces que nuestros defectos, ni son invento nuestro, ni exclusividad nuestra, ni son nuevos.

 Son resultado de la condición humana, que siempre tiende al beneficio fácil, egoísta e indiferente ante el dolor ajeno.

Quienes dicen “Eso sólo se ve en la República Dominicana”, o no tienen el menor conocimiento de la historia universal, o son víctimas de un complejo de inferioridad, que borra y subraya según sensaciones enfermizas.

Así trata Euclides el tema, e inicia su obra con consideraciones generales acerca de las tiranías regionales.

Nos dice: “Tiranos y tiranuelos, dictadores y dictadorzuelos, convirtieron la mayoría de los países de América Hispana en aterrorizadas y tristes colectividades, dejando recuerdos imborrables de frustración y dolor”.

 Los magnicidios se inician temprano porque la crueldad y la ambición desorbitada del poder horrendo se manifiestan temprano.

Poco tiempo había transcurrido desde que Jean Jacques Dessalines proclamara en enero de 1804 el nacimiento de Haití como Estado independiente y desplegara su crueldad como primer tirano nativo.  Rápidamente, de Gobernador Vitalicio  pasó a Emperador. Meses después moría en una emboscada organizada por su guardia personal, siendo horriblemente masacrado al mismo estilo que él aplicaba. Es la obnubilación del gran poder.

El ilustre Gregorio Marañón nos deja dicho que “Todos los poderes humanos, cuando son excesivos, no se dan cuenta de que sus propios excesos destruyen sus cimientos”.

El gran poder encierra un drama. Thomas Carlyle,  filósofo e historiador escocés del siglo diecinueve, afirmaba  que “Toda corona en la tierra es una corona de espinas”.

Nuestro Joaquín Balaguer llamó  “silla de alfileres” al asiento presidencial…pero no quería alejarse de sus pinchazos. Nadie quiere.

 Los magnicidios dominicanos se refieren a Lilís, a Mon Cáceres y a Trujillo. Cada caso con sus características especiales, con sus circunstancias y motivaciones diferentes, tratadas excelentemente por Euclides, tanto cuando trata  de Lilís y Trujillo –enterados ambos de un atentado que no evitaron y casi buscaron su culminación, con tintes de suicidio- así como manifiesta las diferencias con el caso de Mon Cáceres.

Se trata de un excelente trabajo, que recomiendo y aconsejo tener en cuenta para la comprensión de nuestras realidades.