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Eugenio María de Hostos y las tres causales

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Influencia de Hostos es indesterrable de la historia del pensamiento dominicano

Uno se asombra de observar el inmovilismo de la sociedad dominicana, cuyas ideas generales no sobrepasan las mentalidades del siglo XIX. Una traba incesante, que incluye a gobernantes y gobernados.

Cualquiera de los relatos contemporáneos del cibermundo podría calcinar la influencia irracional del escolasticismo en la educación y el nudo gordiano de las creencias religiosas. Pero la sociedad dominicana no ha rebasado el siglo XIX todavía.

Es insólito que la Iglesia pueda aún manipular con los juicios atribuibles a un Estado confesional. Vivimos el siglo XXI y es más que Jurásico que se reproduzca casi con los mismos argumentos la polémica entre el padre Billini y Eugenio María de Hostos.

Si fuera por la Iglesia, en las escuelas dominicanas se enseñara todavía la física ptolomeica. Y la tierra seguiría siendo el centro del sistema solar. Mucha gente oye hablar de la escuela hostosiana, y de Eugenio María de Hostos; e incluso son numerosos los libros escritos en nuestro país cuyo tema esencial es la revolución pedagógica que el hostosianismo introdujo en la educación.

Pero es bueno saber, en rigor, a qué fue en el plano del pensamiento y la pedagogía a lo que Hostos se enfrentó.

Lo que Hostos desmontó en nuestro país fue el escolasticismo, que encarnaba una visión filosófica religiosa, proveniente del pensamiento aristotélico, cuyo reinado como escuela va desde el siglo XI al siglo XV.

Está demás explicar que el escolasticismo conjugaba los saberes de la tradición greco romana con el saber del pensamiento cristiano, y que convertido el cristianismo en una teología, pasó a ser la ideología predominante de la Edad Media. Todo el proceso de enseñanza aprendizaje en la República Dominicana del 1879 se empinaba sobre los presupuestos escolásticos.

Hostos había estado en el país en el 1875, siendo memorables y poco estudiadas sus confrontaciones de esa etapa con el poder político.

Pero cuando en el 1880 funda y dirige la primera escuela normal del país, lo hace armado del pensamiento positivista. El positivismo es muchas cosas al mismo tiempo en el mundo americano, pero a pesar de la influencia del krausismo en Hostos, en nuestro país desplegó un combate denodado contra la escolástica reinante.

Como filosofía era lo naturalmente opuesto, y no solo porque privilegiaba como único medio de conocimiento la experiencia comprobada por la vía de los sentidos, sino porque obligaba a una visión general del mundo completamente diferente. En el positivismo no hay ninguna otra fuente de conocimiento que los que dimanan de la investigación y verificación científica de los hechos.

Hay que aplicar todos los mecanismos de la lógica formal para construir el saber. Es por ello que Hostos fue atacado sin piedad por los representantes del pensamiento escolástico en el país, y su escuela estigmatizada como una escuela sin Dios.

Ver hoy día el debate sobre las tres causales obliga a explicar qué pasó con las propuestas de regeneración social del hostosianismo. La influencia de Hostos es indesterrable de la historia del pensamiento dominicano, conforma un sistema, quizás el único sistema de pensamiento dominicano, porque lo integran una filosofía, una ética, una sociología, una estética, una pedagogía, una interpretación historiográfica, etc.

Pero su fundamento primordial era construir hombres y mujeres libres. Eso llevó al hostosianismo a enfrentar la embestida de dos dictaduras: la de Ulises Heureaux y la de Trujillo. Trujillo llegó a patrocinar una “Encuesta sobre Hostos” en el diario El Caribe en el 1956, intentando sustituir la escuela hostosiana por la escuela trujillista. Y Lilís dejó escrito en su “Epistolario”, el hastío que sentía por el señor Hostos.

La paradoja es que el hostosianismo triunfó como sistema de pensamiento, pero la Iglesia y el dominio político del conservadurismo mediatizaron su efecto. Fue Lilís quien reburujó el liberalismo de “los azules”, con el conservadurismo de “los rojos”.

El país no ha rebasado todavía el siglo XIX, y aunque el padre Billini es apenas una referencia histórica coyuntural, hay un obispo Masalles, y un coro de diputados y senadores que se dejan llevar hasta el santuario con las manos levantadas al cielo en señal de agradecimiento por el Estado confesional en que vivimos. En la escuela dominicana la Iglesia ha impedido que se imparta educación sexual en pleno siglo XXI.

Junto a su oposición a las tres causales es el signo del jurásico pensamiento esclerotizado del conservadurismo tradicional, y la expresión más concreta de la desnaturalización del hostosianismo. A Hostos lo arrinconaron con el Concordato. Ahora lo reviven como una antítesis histórica del escolasticismo que recupera las tres causales.

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