Evasores, mañosos, tramposos

Dos de las gestiones que aparentemente concitan unánime respaldo por su eficacia son las de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) y la de Aduanas (DGA). La modernización de la fiscalización, los progresivos aumentos de las recaudaciones cuando crece la economía, las facilidades para que los contribuyentes cumplan, son detalles que justifican el apoyo que ambas entidades reciben de la sociedad.

Sin embargo, muchas veces victimizan a contribuyentes que son buenos cumplidores de sus obligaciones. Por ejemplo, cada día 20 hay que enviar al colector de impuestos internos algún jugoso cheque con la totalidad de los ITBIS facturados aun cuando los mismos no hayan sido cobrados.

De esa manera, todo aquel que genera una factura con un número de comprobante fiscal y un RNC está obligado a adelantar a la renta unos impuestos que aquel a quien se le facturó aún no ha pagado. Empresarios que tienen en sus manos cuentas por cobrar y que están soportando el costo financiero de recibir su pago 60 ó 90 días después de vencidas las facturas, tienen que cargar con la canana de adelantar dinero a la renta. 

Es como pagar impuestos por facturar más que por cobrar y ello está incentivando que cada día más gente busque cómo, a pesar de su deseo de ser buenos ciudadanos, retrasar el pago de los ITBIS hasta haberlos cobrado.

Igualmente en las aduanas muchos importadores comienzan pagando impuestos antes de vender ni producir nada.

Lo que resulta de estas injusticias impositivas es que la economía en general se resiente, se lentifica y todo se hace más costoso. Desde el trabajo de los recaudadores, obligados a perseguir a alegados evasores que sólo requieren la más elemental y lógica justicia, como evitar pagar unos impuestos que no han cobrado, hasta la degradación moral de obligar a ciudadanos serios a delinquir, este sistema produce dolor de principio a fin.

A mi particularmente me parece que la renta debería perseguir más vigorosamente a muchísimos dominicanos que abusan de ciertas lagunas o laxitudes de la ley para evitar pagar impuestos, pero al mismo tiempo hay que ponerle fin a las persecuciones que pudieran estar legalmente sustentadas pero son a todas luces injustas e ilegítimas.

La Renta y las Aduanas recaudarían muchísimo más, la economía crecería y todo marcharía mejor, si en vez de un tortol fuese aliados de los empresarios serios.