Evitemos los excesos

La época navideña tiene la particularidad de acelerarlo todo. En estos días previos a la Nochebuena, la densidad del tráfico congestiona las vías públicas y la atmósfera se hace irrespirable en las arterias comerciales. El dinero extra en manos del público es el motor de estas prisas previas a la celebración de la Nochebuena, que muchos disfrutan excediendo la prudencia en la ingestión de bebidas y en el comer.

Para esta época del año, una mezcla fatal es el consumo de bebidas alcohólicas y la conducción de vehículos de motor como parte de la euforia de la Navidad. A pesar de que las autoridades adoptan medidas de prevención de accidentes, siempre se registran saldos fatales por imprudencias en el manejo. Cada año, el gozo de muchas familias se transforma en luto y pesar por la pérdida de seres queridos. Un conductor fuera de sus cabales por el alcohol es una especie de homicida-suicida.

Conviene que, al celebrar, se tenga en cuenta que la conducción bajo los efectos del alcohol es altamente peligrosa, para el que conduce, para quienes le acompañan y para los demás. Las autoridades deben ser inflexibles e impedir que personas bebidas manejen vehículos. Pero más que esa prevención vale la reflexión propia de cada uno. Es responsabilidad de cada uno evitar que  los excesos conviertan el gozo en pesar.

Sutilezas éticas del juego político

Toda obra de interés social es bienvenida, sobre todo cuando su ejecución responde oportunamente a una necesidad de la comunidad. No hay mejor destino para los dineros del erario que invertirlos en soluciones para los problemas del pueblo. Sin embargo, por razones éticas es necesario evitar que el uso de fondos públicos para ejecutar obras tenga por finalidad obtener ventajas de orden político, proselitista. Cuando así se actúa desde una función pública  se incurre en un  acto de típica competencia desleal para con los adversarios políticos.

Durante  las campañas políticas suele ocurrir que  gente con cargos públicos, que manejan recursos del Estado y aspiran a posiciones electivas incurren en esta  práctica. Esto se detecta cuando la obra o solución es aportada o propiciada desde un ámbito público en modo alguno relacionado con la problemática a resolver. Son sutilezas éticas que desnudan obscenidades políticas.