Evo Morales o la trágica aventura del continuismo

Ramón Nuñez Ramírez

La situación que atraviesa Bolivia, con un Gobierno carente de legitimidad, una sociedad fracturada mitad a mitad, con todas las posibilidades de sumergirse en el caos y la guerra civil, tiene básicamente como punto de partida los afanes de perpetuarse en el poder del expresidente Evo Morales.
Juan Evo Morales Ayma nació en un hogar humilde, indígena en un país donde el 44% de la población es de origen amerindio, especialmente de las etnias Quechua y Aymara, fue dirigente sindical y líder de los productores de coca, se afilió al Movimiento al Socialismo (MAS) y en las elecciones generales de 1997 resultó electo diputado por Cochabamba.
En las elecciones de 2005 Morales obtuvo el 54% de los votos y se convirtió en el primer presidente indígena en un país donde los mandatarios, desde la independencia, eran provenientes de las familias aristócratas de origen hispano.
En enero de 2009 logró una modificación constitucional mediante una Asamblea Constituyente, estableció el Estado Plurinacional de Bolivia, entre otras modificaciones, y también incluyó la posibilidad de ocupar la presidencia por dos periodos de cinco años.
El 6 de diciembre de 2009 se celebraron elecciones presidenciales y Morales logró el 64.22% de los votos y el 12 de octubre de 2014 ganó de nuevo con un amplio margen para gobernar hasta el 22 de enero de 2020.
Evo Morales tuvo una buena gestión, en 14 años redujo el analfabetismo, la pobreza, el desempleo, mejoró las condiciones y dignidad de los indígenas, pero sufrió el síndrome latinoamericano de creerse indispensable y necesario perpetuarse en el poder y como la Constitución prohibía otra reelección, convocó a un referéndum el 21 de febrero de 2016 y perdió por un margen estrecho y un año después el Tribunal Constitucional (ya Evo tenía “su Congreso”, “su Tribunal Constitucional” y “su Tribunal Electoral”) sentenció que la prohibición de reelegirse violaba sus derechos humanos, dándole luz verde para repostularse indefinidamente.
El 20 de octubre se celebraron elecciones Presidenciales y a lo largo del 95% de los cómputos Morales aventajaba a su más cercano contrincante, el expresidente Carlos Mesa, pero era evidente una segunda vuelta, resulta que al llegar al 95% de los cómputos hubo una interrupción y en los últimos 5% cambió la tendencia y Morales resultó “ganador” en primera vuelta.

La oposición se lanzó a las calles y tras semanas de disturbios Evo Morales aceptó que una misión vinculante de la OEA revisara el proceso y 37 técnicos de diferentes nacionalidades determinaron graves fallas tecnológicas como el hecho de que cuando se produjo la interrupción el conteo pasó de un servidor B01 a uno externo B020 que no pertenecía a los previstos para la Transmisión de Resultados Provisionales (TREP), que en 333 actas evaluadas, donde votaron el 100% y Morales obtenía el 95%, fueron llenadas por la misma persona, justo el delegado del MAS, y también en el 5% del último conteo, del total de votos, ascendente a 290,402, morales obtuvo el 60.5% y Mesa 23.8%, rompiendo con la tendencia observada hasta el computo del 95%.
Descubierto el fraude, Morales anunció nuevos comicios, pero la pasividad de la policía con los disturbios y el pedido del Jefe del Ejército de que renunciara precipitaron los acontecimientos y se produjo la renuncia del Presidente y el Vicepresidente y su posterior exilio a México.
La situación porque atraviesa Bolivia es responsabilidad primaria de Evo Morales, por pretender perpetuarse en el poder avasallando la institucionalidad democrática e intentando imponerse en primera vuelta mediante un fraude tecnológico y otro físico.