Examina las causas de tragedias naturales

POR LEONORA RAMÍREZ S.
La ausencia de un Plan Nacional de Ordenamiento Territorial, que evite el asentamiento de personas en zonas peligrosas, es lo que provoca que cada año se repitan tragedias por las inundaciones y deslizamientos de tierra, que ocurren en la temporada ciclónica y otros períodos de intensas lluvias.

Así lo considera el geólogo Osiris de León, quien lamentó que no exista ese instrumento, a pesar de que la Ley de Medio Ambiente y Recursos Naturales, promulgada en el 2000, le daba un plazo de tres años (que venció en el 2003) al Secretariado Técnico de la Presidencia y al ministerio de Medio Ambiente, para que elaboraran dicha normativa.

“Como no tenemos un ordenamiento territorial ni el Estado se preocupa por evitar el asentamiento de personas en áreas peligrosas, ahora el problema es prácticamente inmanejable”.

De León recordó, para fortalecer sus argumentaciones, que tras el paso del ciclón David, en 1979, hubo que verter la presa de Tavera y todas las casas construidas en los alrededores del puente Patiño, en Santiago, quedaron destruidas “y esa tragedia no debe repetirse”. En Santo Domingo las márgenes de los ríos Ozama e Isabela están pobladas por miles de familias, cuyas vidas corren peligro con la más inofensiva vaguada.

Sobre ese aspecto, el coordinador de la Comisión de Ciencias Naturales y Medio Ambiente de la Academia de Ciencias, planteó que el gobierno, con recursos propios y externos, debe desalojar a los residentes en las adyacencias de éstos para declararlas como zonas protegidas.

En mayo de este año hubo varias vaguadas que provocaron inundaciones en las regiones Nordeste y Noroeste. En Montecristi, por ejemplo, alrededor de 2,000 familias sufrieron los efectos de las inundaciones, al margen de los daños a la agropecuaria. El primero de junio comienza la temporada ciclónica, que concluye el 30 de noviembre, y se estima que 13 ciclones podrían tocar suelo dominicano.

LOS DERRUMBES, OTRO PROBLEMA

Los terrenos arcillosos también son considerados como inseguros, porque se saturan de agua. Con esas características hay varias zonas en los municipios Santo Domingo Norte y Santo Domingo Oeste, en la cordillera Septentrional, y otros lugares donde existen rocas fracturadas por fallas, que provocan deslizamientos cuando se saturan de agua.

Las áreas arcillosas tienen el suelo rojo, laterítico, que es una superficie residual que se produce en las regiones tropicales producto de la humedad y la radiación solar.

“Los cambios bruscos de temperatura tienden a oxidar la roca, y  con el paso de millones de años estas quedan transformadas en suelo arcilloso que pierde propiedades geomecánicas, que son los grados de cementación o lipificación”.

En esa condición están la loma Casabito, en la carretera que va desde el Cruce del Abanico, de Constanza, la carretera Jarabacoa-Manabao, y el Cruce de Ocoa-San José de Ocoa.

De León explicó que en los períodos lluviosos, tanto los suelos arcillosos como las rocas muy fracturadas se saturan, lo cual produce un aumento del peso del macizo de suelo o roca, y al mismo tiempo un incremento de la presión de poros de ese macizo, y a su vez una reducción de la resistencia al esfuerzo cortante, y en consecuencia el terreno colapsa.

“Por eso se recomienda que en las zonas constituidas por suelos arcillosos, o por rocas muy fracturadas, no se permitan asentamientos humanos, como en algunos lugares de Villa Altagracia y Bonao, donde caen hasta 3,000 milímetros de lluvia por año”.

Los sectores de Villa Mella, Los Guaricanos y La Victoria, en Santo Domingo Norte, tienen terrenos arcillosos, por lo que la gente que construye en laderas con esas características está expuesta a que en un período de intensas lluvias el suelo se sature, y se deslice por el efecto adicional de la gravedad.

El geólogo también precisó que cada vez que ocurren fuertes lluvias, en las inmediaciones de la carretera de Luperón, en Puerto Plata, se producen deslizamientos debido a que es un terreno arcilloso que se derrumba fácilmente, y por demás la vía fue cortada precisamente en el borde de la montaña.

En ese caso, recomendó a las autoridades que construyan trincheras transversales en la carretera, rellenadas de un material granular grueso, para evitar los deslizamientos que ponen en peligro la vida de los transeúntes.

INMEDIATISMO EN EL BAJO YUNA

Otra área que se mantiene en peligro casi constante por las inundaciones es el Bajo Yuna, debido a la falta gerencia y el inmediatismo de las autoridades, según de León.

Esa zona, caracterizada por terrenos bajos que se aproximan a la bahía de Samaná y se inundan por completo en cualquier período lluvioso, requiere una mayor regulación de las aguas, porque sólo cuenta con la presa de Hatillo, de acuerdo al experto.

Ese embalse no puede desaguar de manera periódica determinados caudales, a fin de tener suficiente capacidad de almacenamiento en caso de un aumento de las lluvias.

Ante esa debilidad, hace tres años el Instituto Dominicano de Recursos Hidráhulicos (INDRHI) propuso la construcción de la presa del Alto Yuna, en la zona de Los Quemados, porque con esta se podría almacenar las aguas del Yuna durante las crecidas.

“Pero al mismo tiempo tendría la capacidad de derivar parte de esas aguas hacia el embalse de Rincón. Definitivamente, lo que se debe hacer es gerenciar de manera correcta la cuenca del río Yuna, que es una cuenca muy extensa”.

En la medida que se identifiquen todos los sitios potenciales para represar aguas en la cuenca del río Yuna, tomando en consideración los ríos Tireo, Las Avispas y Camú, habrá más capacidad de almacenamiento, lo cual beneficiará a la zona comprendida por las provincias María Trinidad Sánchez, Sánchez Ramírez y San Francisco de Macorís.

Desde esa perspectiva cuestionó que los gobernantes dominicanos no apliquen programas de desarrollo a largo plazo, por temor a que un partido opositor coseche los frutos electorales de determinadas obras.

“Eso es errado, el país debe tener planes de desarrollo de no menos de 20 años, para definir las obras de infraestructura que necesita la nación. El Estado dominicano tiene que pensar en eso y dejar los programas inmediatistas, tiene que haber una voluntad política nacional que permita que todos los partidos y sectores no políticos definan un plan estratégico de desarrollo a largo plazo”.

CUIDADO CON JIMANI

El 24 de mayo del 2004 cayeron en Jimaní, una provincia fronteriza y económicamente carenciada, 247 milímetros de agua en 24 horas, en una cuenca en la que durante un año apenas caen 400 milímetros. Ese exceso de bondad de la naturaleza cobró la vida de aproximadamente 390 personas en el lado dominicano, y más de 600 en Haití, dejando un dramático saldo de dolor y desamparo.

La tragedia podría repetirse, según de León, porque donde hay  un río seco existen las condiciones meteorológicas, hidrológicas y geológicas para que en cualquier momento vuelva a correr agua.

El río Blanco (que viene de territorio haitiano) destruyó en la madrugada del citado día cientos de viviendas de ambos países instaladas en su cauce, porque se mantuvo por mucho tiempo sin agua.

“Ese río desarrolló una extensa franja plana, y como el cauce estaba seco por ser terrenos cársticos, cavernosos, cuando llueve un poquito el agua se infiltra de manera vertical.

“Pero hay otro problema grave en esa cuenca, y es que tiene una pendiente muy inclinada, que permite que el agua baje a favor de la fuerza de la gravedad, lo cual le da extraordinaria facilidad para desprender grandes bloques de roca”.

Ante esas predicciones, de León le sugiere a las autoridades prohibir el asentamiento de personas en cauces secos, y luego la Secretaría de Obras Públicas debe canalizar por completo el cauce para proteger la margen Norte del mismo.

“Para eso deben construir una escollera o bloques grandes de un metro cubico cada uno, desde donde termina el sistema montañoso de la Sierra de Bahoruco, hasta el Lago Enriquillo”, precisó.